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¿Ladrones
de tumbas en el siglo XXI?
Es la historia de Egipto: primero se
descubren tesoros arqueológicos impresionantes
y luego se pierden. Desde los ladrones
de tumbas de siglos atrás hasta los expertos
en evadir riquezas artísticas, pasando
por los simples extravíos que se descubren,
un día cualquiera, en un prestigioso museo.
Porque eso es lo que puede haber sido,
ni más ni menos, la desaparición de 38
piezas del Museo Egipcio, el primero del
mundo en cultura faraónica.
Rosa YOESTE
El
mismísimo Indiana Jones que recuperó
el Arca de la Alianza podría encargarse
del caso. Porque lo ocurrido es digno
del mejor guión de cine de aventuras:
del museo en cuestión desaparecen 36 brazaletes
y dos anillos de oro de la época grecorromana
descubiertas en 1905 en la zona de Kom
Apolo, al noroeste de El Cairo. Y ello
pese a la vigilancia, a las cámaras de
seguridad y al sofisticadísimo sistema
de control de las salas. Ni los afectados
saben decir con seguridad si se trata
de un robo o si los objetos están, por
poner un ejemplo, en el sótano del museo.
La desaparición fue denunciada por el
secretario del Consejo Superior de Antigüedades
(CSA), Zahy Hawas, tras un inventario
de las piezas expuestas en el museo realizado
entre enero y mayo. El caso ha llegado
al Parlamento y el propio ministro de
Cultura egipcio, Farouk Hosni,
ha tenido que afrontar las invectivas
de los diputados. Hosni defiende que el
robo es impensable, dado el sofisticado
sistema de vigilancia del museo. Para
aplacar los ánimos, recuerda que en los
sótanos del edificio hay más de 80.000
antigüedades almacenadas en los últimos
100 años, muchas de ellas sin inventariar
siquiera.
Pero para Hawas, el caso es mucho más
preocupante. Es sólo, según dice, "la
punta del iceberg" de una larga historia
de extravíos y expolios en el país. En
los años 40, el propio rey Farouk
sacó antigüedades del museo para decorar
su palacio. Más recientemente, en 1993,
un ladrón rompió unas vitrinas de cristal
para agenciarse tres estatuillas de las
que se colocan junto a las momias para
dar buena suerte al difunto en el más
allá. Y en 1995, un delincuente pasó oculto
la noche entera en una sala del museo
para robar un puñal de Tutankamón,
18 brazaletes y 2 anillos de oro.
Ladrones de guante blanco, de baja estofa...
Nada, en comparación con el expolio masivo
que sufrió el país durante su época colonial
a manos de contrabandistas profesionales.
Hoy, el Museo Egipcio tiene bajo su custodia
160.000 piezas, que van desde el periodo
pre-dinástico y las primeras dinastías,
que se remontan a 3.100 años antes de
Cristo, hasta el grecorromano, con vestigios
también de las primeros siglos de nuestra
era. Un tesoro que, según parece, no siempre
está bajo control.
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