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El
arte se pone porno
Jaime VELÁZQUEZ (Madrid)
Atrás
quedan las discusiones sobre si el cine
porno es arte o no, y si lo artístico
es sugerir y no mostrar. El arte se ha
comido a la pornografía, la ha masticado
y la ha sacado de la última balda de nuestras
estanterías para colocarla bien visible
ante nuestros ojos, en los museos, los
cines y las pistas de baile. Los artistas
contemporáneos han encontrado en el porno
las condiciones necesarias para convertirlo
en objeto del arte: provocación, liberación,
estética… y placer.
La línea entre erotismo y pornografía
es delgada si se plantea en los términos
a los que estamos acostumbrados, pero
no si lo hacemos desde otra perspectiva.
No se trata de enseñar más o menos carne,
sino de representar el sexo como medio
y fin último. La pornografía muestra a
hombres y mujeres sin otra intención que
follar y obtener placer; por ello, la
línea no está en lo explícito que sea
el sexo, sino en la manera de comportarse
de los participantes.
El porno es, simplemente, una actitud.
Una actitud que cada vez atrae a más gente
y que se convierte además en una vía de
liberación del individuo, una manera de
darle una patada a Freud, el Papa
Wojtila y a la madre que nos crió.
Toda una provocación que exhiben los artistas
en sus obras, los diseñadores en las pasarelas
y los 'creadores de tendencia' en
los locales de moda.
El porno tiene todos los ingredientes
para convertirse en arte. Está centrado
en el cuerpo humano, uno de los motivos
más recurrentes en la historia del arte.
Es, además, un desnudo cargado de atracción
y belleza, en contra de lo que puedan
pensar los que no ven con buenos ojos
la pornografía. Sus detractores prefieren
el 'desnudo artístico' - imágenes
del cuerpo despojadas de connotaciones
sexuales -, olvidando que nuestra anatomía,
y toda su hermosura, está creada con el
fin último del apareamiento y que es en
el acto sexual cuando el cuerpo acentúa
toda su belleza.
El
director británico Michael Winterbottom
ha ahondado en el desnudo cargado de excitación
en su última película, Nueve canciones,
que fue recibida con aplausos y silbidos
en la última edición del Festival de Cine
de San Sebastián. Nueve canciones se centra
en la relación de una pareja joven que
dedica los días a hacer el amor y las
noches a asistir a conciertos de grupos
como The Dandy Warhols, Black
Rebel Motorcycle Club, The Von
Bondies.
La cinta está cargada de desnudos integrales,
penetraciones, felaciones, cunnilingus
y eyaculaciones. "No entiendo por qué
no se puede mostrar el sexo explícito,
si el sexo es una parte importante de
cualquier historia de amor", decía
Winterbottom ante las reacciones de algunos
críticos y periodistas a su película.
Si el arte es provocación, al menos desde
el momento en que Duchamp le colocó
un bigote a la Gioconda, el porno
es un firme candidato para convertirse
en un tema artístico, visto el efecto
que produce tanto en quienes la aprecian
como entre quienes la desdeñan.
Provocación buscaba también Terry Richardson,
uno de los fotógrafos de moda más prestigiosos
del momento, cuando hizo coincidir su
exposición 'Terry world' con la
clausura de la semana de la moda de Nueva
York. La exposición recogía un gran número
de fotografías de gran formato que mostraban
un amplio catálogo de posturas y 'medical
shots'.
El dueño de la galería tuvo que dar vacaciones
a los empleados que se negaron a ver la
exposición, pero la respuesta general
a la provocación de Richardson fue más
bien la contraria. Cientos de personas
se arremolinaban frente a la galería y
en la inauguración no faltaba ni uno solo
de los famosos oficiales del underground
newyorkino. Algunos de ellos, como el
cantante de Sonic Youth, Vincent
Gallo, no sólo acudió al evento sino
que formaba parte de la exposición, apareciendo
en una de las fotografías.
Otra
de las funciones del arte es la liberación,
el hacer saltar los tabúes y las convenciones
morales, aportar un poco más de libertad
al espectador, romper las barreras de
lo establecido y hacernos salir de la
mediocridad de nuestras vidas.
Ser porno es una actitud que traspasa
las fronteras del arte y que se ve en
la calle y en los locales de moda de todo
el mundo. El boom del electroclash y electro
ha contribuido a extender la estética
del porno a lo largo de las pistas de
baile. I wanna be a porn star,
el éxito de Dopplereffekt mostraba
perfectamente el sentimiento que muchos
sentían en su interior. El sexo por el
sexo, el sexo gratuito, la libertad de
obtener placer de la manera que se nos
antoje. El exhibicionismo, el morbo de
mirar y ser mirado, la inexorable atracción
de nuestra propia imagen… ¡Qué ganas de
ser una estrella del porno!
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