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Lo último en pintura es un perro-artista
que vende cuadros de 2.000 dólares
19/06/2006
Ociocritico
Es neoyorquina, pinta cuadros abstractos
y furiosos y empieza a gozar de un cierto
reconocimiento entre los entendidos en materia
artística. Se llama Tillamook Cheddar y
su historia sería la de tantas otras artistas
norteamericanas si no fuera por el hecho
de que se trata de un perro. Tranquila a
diario, fogosa en la creación -según su
entorno, el pequeño Jack Russell terrier
blanco de orejas negras ha producido en
unos años cientos de obras, exponiendo en
Bélgica y en Holanda.
"Tillie tenía seis meses", recuerda
su dueño, Bowman Hastie. "Yo escribía
cuando ella se puso a rasgar mi página.
Ví que dejaba trazos, y tuve una idea con
el papel carbón. Puse una hoja de este papel
sobre otra normal y se la dejé. Después
de varios minutos levanté el papel. No salía
de mi asombro: se había formado una imagen",
asegura.
Desde entonces, este escritor de 37 años
de edad se ha convertido en "asistente
del artista".
Varias veces a la semana, en su apartamento
de Brooklyn, prepara el trabajo en el suelo:
una superposición de papeles, con una hoja
plastificada untada con pintura. Y el cuadrúpedo
puede entonces lanzarse a trabajar.
"Trabaja con sus dientes, sus patas.
Hace impresiones, agujeros... Cuanto más
trabaja, más se precisa su estilo",
afirma Hastie. Un cuadro monocromo le lleva
alrededor de una hora de trabajo.
El resultado: paneles atravesados por rayas
coloreadas con restos de mordiscos a menudo
en los lades. Coste de compra: de 700 a
2.000 dólares la pieza (uno acaba de venderse
por 1.700 euros en Bélgica, dice Hastie).
Desde que Tillie expusiera en Nueva York,
Amsterdam o Ibiza en verano, su dueño afirma
que ha vendido un centenar de obras. "Pero
todavía no puedo vivir de ella", añade
el escritor. "Esperemos que eso llegue
pronto", confía.
Tillamook, o Tillie, que debe su nombre
a una marca de queso, "porque adora el
queso", dice Bowman, comercializa también
productos derivados: camisetas, bolsos y
alimentos caninos embalados en tiradas limitadas
de las obras de la artista. Un saco de 2,3
kilos cuesta 100 dólares.
"Es la comida más cara del mundo, así
que se vende poco", admite Bowman, "pero
es un medio de hacer accesible su trabajo
a la gente que no tiene medios", concluye.
El perro ha colaborado con artistas como
Ryan McGinness o Tom Sachs y
su aventura hace rechinar los dientes del
mundo del arte.
"El arte no es un reflejo, debe tener
una intención, comunicar alguna cosa",
dice Monroe Denton, crítico y profesor de
la Escuela de Artes Visuales de Nueva York.
Para Denton, comprar este tipo de obras
"es pervertir el arte abstracto como
cuando la gente dice a propósito de un cuadro
'mi hijo podría hacer algo parecido'.
Es un punto de vista reaccionario".
Denton no está muy sorprendido por el éxito
canino: "Una gran parte del arte, incluido
el arte realizado por los artistas, quiere
que se hable de él ahora. Mis estudiantes
quieren saber cómo llegar a salir en los
periódicos. Pero no es así como un artista
se desarrolla".
Bowman Hastie es consciente del escepticismo
y responde sin emoción: "Mucha gente
ve mal la idea de que un perro pueda ser
un artista. Pero cuando tienen la oportunidad
de ver a Tillie trabajar, quedan convencidos".
En esta galería de Soho donde uno de sus
cuadros está en venta, Hastie posa con su
perra, de siete años de edad. "Creo que
Tillie, si Dios quiere, vivirá al menos
10 años... Y cuando ella desaparezca, creo
que los precios aumentarán".
Pero Tillie tiene descendencia: Doc, que
tiene un año. Pero no parece interesado
por la pintura. "Su talento sin duda
es otro", dice Hastie.
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