Cuarón saca brillo a la varita de Potter

Harry Potter y el prisionero de Azkaban
Director: alfonso Cuarón
Intérpretes: Daniel Radcliffe, Emma Watson, Rupert Grint, Gary Oldman, Robbie Coltrane, Alan Rickman, Michael Gambon, Maggie Smith, David Thewlis

M.J. ARIAS (Madrid)

No se puede montar una película sobre un libro en base a la teoría de que los espectadores que acudan a verla hayan leído la obra, aunque se trate de Harry Potter y el Prisionero de Azkaban. La película puede resultar más o menos entretenida que sus dos predecesoras, pero ha dejado escapar algunos de los detalles más ricos de esta tercera entrega que queda demasiado coja y con lagunas que sólo aquellos que se hayan sumergido en las páginas de J.K. Rowling podrán rellenar. Eso sí, el mundo mágico se recrea a la perfección. Boggart, dementores, hipogrifos y demás criaturas mágicas hacen las delicias de la imaginación de cualquiera. Dicen que ésta es la mejor de las tres.

Harry (Daniel Radcliffe) ha crecido y está en plena edad del pavo. A medida que se cumplen los años, la vida en el número 4 de Privet Drive se complica un poco más y su genio va en aumento. Tío Vernon (Richard Griffiths), tía Petunia (Fiona Shaw) y su rollizo retoño siguen tan insoportables como hace dos películas. Se empeñan en hacer imposible la vida a su sobrino, hasta que el pequeño Potter explota y hace volar por los aires a la hermana de su tío, a la que su ira convierte en un globo humano. Todo un espectáculo ver a esa señora surcando los aires cual globo aerostático y con las enaguas al descubierto.

La trama de esta nueva entrega es mucho más complicada que en las anteriores. Arranca con la fuga de Azkaban, la prisión para magos, de Sirius Black (Gary Oldman), un malvado personaje que sólo verle en la foto mágica que publica El Profeta ya da miedo. Al parecer, Sirius, uno de los personajes más interesantes de la saga, se ha fugado para matar al ojito derecho de Albus Dumbledore. Al menos eso es lo que creen todos, que se empeñan en ocultar al vencedor de lord Voldemort un terrible secreto: ¿Por qué fue encarcelado Sirius? ¿Qué relación tenía con sus padres? ¿Por qué le busca?

Además del fugado, aparecen dos nuevos personajes. David Thewlis es el profesor Lupin, el nuevo encargado de impartir la asignatura de Defensa contra las artes oscuras, la materia tan ansiada por Severus Snape (Alan Rickman). Lupin se convierte en uno de los pilares de la vida estudiantil de nuestro protagonista y carga sobre sus hombros con gran parte del peso de la película, el que no lleva Harry, al que Cuarón ha dado una mayor responsabilidad que en las anteriores.

Gracias a Lupin disfrutamos de una de las escenas más conseguidas y divertidas de la película, en la que los alumnos de Gryffindor deben enfrentarse a un boggart. Fue amigo de sus padres y le ayudará a defenderse de los terribles dementores. Una especie de espectros del anillo sobre escobas que le absorben a uno las alegrías hasta matarlo o convertirlo en un loco. Estos terribles espectros, muy conseguidos, patrullan por los terrenos de Hogwarts para dar captura a Black.

Otros dos profesores entran en escena, además del ya conocido guardabosques, que toma el relevo en Cuidado de las Criaturas Mágicas. Sybil Trelawney es responsable de la asignatura de adivinación, con la que Hermione Granger (Emma Watson) tendrá sus más y sus menos en un curso especialmente difícil para la empollona del trío protagonista, que no para de crecer y cuya relación con Ron parece entrar en un terreno farragoso. Y mientras todo esto ocurre, los posos del café desvelan que Harry va a morir pronto porque el Grim, un enorme perro negro, le persigue. Por cierto, la barba y el mismo actor de doblaje hacen que casi no se note la diferencia entre el fallecido Richard Harris y Michael Gambon en el papel del magnánimo y comprensivo director del colegio para magos.

El argumento se complica a medida que proyectan los minutos de metraje y el engranaje chirría en puntos clave debido, suponemos, a la necesidad de no hacer una película excesivamente larga. Como es lógico hay cosas que se obvian, pero el problema es que al menos un par de ellas resultan necesarias para entender el comportamiento de los personajes, sobre todo el de los nuevos. Por ejemplo, ¿Quiénes con Colagusano, Cornamenta, Lunático y Canuto?

La película no es que está tan mal como la segunda. Lo que le ocurre es que se queda coja. Quizá si cortásemos algún que otro plano de ventanas, del sauce boxeador o del reloj del colegio, hubiésemos ganados varios minutos más que necesarios para esclarecer el significado de esa desastrosa escena de la casa de los gritos en la que Cuarón se carga lo construido hasta el momento, como la lograda escena del boggart o la del autobús noctámbulo, pero que arregla en cierta parte con el 'juego del tiempo'.

Esta tercera película no es precisamente para niños. La trama es mucho más complicada, igual que ocurre con la técnica. Las relaciones entre los personajes se entrecruzan y lían de tal manera que un pequeño pottermaníaco puede acabar dormido en la butaca. Aunque la película sea para mayores y precisamente por eso, no hubiese estado de más dedicar más tiempo a la enrevesada relación que existe entre Lupin y Black y entre el prisionero fugado y Harry. Veremos como se las arreglan con el embrollo de la Harry Potter y el Cáliz de Fuego.