Adrenalina rebajada con agua

Cámara Oscura
Director: Pau Freixas
Intérpretes: Silke, Unax Ugalde, Adrià Collado, Diana Lázaro, Andrés Gertrudix

María José ARIAS/Ociocritico (Madrid)

Pau Freixas
irrumpe de nuevo en nuestras pantallas con una película de corte americano, pero con presupuesto y actores españoles. La mezcla resulta creíble y el resultado es el esperado por el director. Un grupo de jóvenes que se meten en un lío por la torpeza de uno de ellos y que van de mal en peor por culpa de unos marinos malos malísimos que se empeñan en matarles. Más o menos este es el argumento de Cámara Oscura, que protagonizan Silke, Unax Ugalde, Adrià Collado y Diana Lázaro.

Cinco jóvenes se adentran en el altamar senegalés para hacer submarinismo lanzándose desde una precaria barca capitaneada por un niño autóctono que pasa por la película sin pena ni gloria, con cuatro frases contadas y sin más interés que el presencial. El grupo lo componen un valiente, el amigo del valiente, la guapa, el endeble y hasta una embarazada, interpretada por una triste Cibercelia.

La barca se va a pique y durante horas los náufragos se quedan a remojo, hasta que un barco que parece fantasma pero no lo es (esa es otra película) se planta delante de sus ojos. Una luz de esperanza se enciende para ellos. Cuando tienen tan cerca la salvación descubren que los tripulantes de este pecio inmenso son traficantes de animales que lanzan por la borda, previo apuñalamiento, a los polizones. Así que deciden entrar en el barco sin pedir permiso y ahí es cuando comienza la historia. El resto imagínenselo ustedes mismos o vayan a verlo al cine.

Los personajes están más o menos bien construidos e interpretados, sobre todo el apocado Víctor (Adrià Collado) y el héroe de turno, Iván (Unax Ugalde). La actuación de Silke, una reportera empeñada en fotografiarlo todo en medio de una tragedia personal y con un punto de heroína, merecería un tiempo que no estamos dispuestos a desperdiciar. Pero sin duda, los principales personajes son el agua y el barco herrumbroso. Toneladas de agua incrementan la sensación de agobio e inestabilidad que Freixas intenta transmitir en cada fotograma y que consigue a pesar de que la acción decae en algunas escenas.

Se trata de una película sin otra pretensión que contar una historia vista hasta la saciedad, pero desde un punto de vista distinto: el español. El director buscaba una película como las que se hacen en Hollywood y lo ha conseguido. Ahora sólo falta que el espectador comparta con él su entusiasmo por este tipo de cine y le de su apoyo en la taquilla. Más que nada para amortizar los más de tres millones y medio que ha costado Cámara Oscura
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