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Cruise
cruza la raya
Collateral
Director: Michael Mann
Intérpretes: Tom Cruise, Jamie Foxx, Jada
Pinkett Smith
Acción, policíaca.
Ferran PALACIOS/Ociocritico
(Madrid)
Quienes
no nos contamos precisamente entre los fans
de Tom Cruise, el eterno niño bueno,
el galán blandito de tantas películas, el
tierno joven que enamora a las adolescentes,
debemos reconocer que su estela mejora en
esta película del veterano Michael Mann,
un director que sabe hacer películas y sabe
hacer acción, valga la redundancia. Porque
este Cruise que cruza, valga igualmente
la redundancia, la raya para convertirse
en un asesino profesional frío y peculiar,
sube bastantes enteros con respecto al Cruise
de Eyes Wide Shut, la decepcionante
película casi póstuma de Kubrick.
Pues resulta que a este muchacho, que en
la noche del martes se hinchó a firmar autógrafos
a tiernas jovencitas antes de presentarse
en carne mortal en la premiere de este Collateral
(estreno: 15 de octubre), le van más los
papeles de malo que los de virtuoso, aunque
sea un virtuoso lleno de complejidades agrangadas
en parte por su compañera Nicole Kidman.
O aunque, como en este caso, sea un malo
dialogante y hasta chispeante en algún momento.
En Collateral no hay Kidman, ni Kubrick,
ni historia de amor alguna, sino un thriller
puro y duro que, salvo algunos momentos,
para colmo mal musicados, tiene en tensión
a un espectador que, sin embargo, no es
capaz de creerse lo que le cuenta el guión.
Claro que lo mismo ocurre con los libros
de Tom Clancy, o con los de Dan
Brown (el autor de Código da Vinci)
y ya ve usted lo que se venden. El espectador
acude a estas películas para pasarlo bien,
estar en tensión, sufrir con el protagonista
(en este caso, más que Cruise, el estupendo
actor de color Jammie Foxx, más dotado
para la comedia que para este tipo de filmes,
pero bueno en lo suyo, de todas maneras)
y respirar aliviado cuando el bueno prevalece
sobre el malo, aunque el malo, en este caso,
se haya hecho relativamente simpático.
No
hay corolarios ni consecuencias morales:
los asesinatos son aquí tratados como una
rutina, casi con comicidad. El malo no es,
en el fondo, tan malo (inexplicablemente
perdona la vida al taxista, Jamie Foxx).
El bueno, en cambio, sí lo es por completo:
un fracasado que miente a su madre enferma
para hacerle creer que ha triunfado en la
vida. La chica no es objeto de deseo, sino
casi víctima del asesino. No hay, salvo
complicaciones, futuro con el 'bueno' que
le ha salvado la vida.
Buena cinta para olvidar las angustias posvacacionales.
Buena factura. Intelectuales, abstenerse.
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