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Oportunidad perdida
Lobo
Director: Miguel Courtois
Intérpretes: Eduardo Noriega, José Coronado,
Mélanie Doutey, Silvia Abascal, Santiago
Ramos, Patrick Bruel y Jorge Sanz
Acción, basado en hechos reales
Mirentxu MARIÑO/Ociocrítico
(Madrid)
Basada en hechos reales, algo que se deja
ya claro en los primeros minutos del metraje,
Lobo es la historia de un 'topo' de la
Policía secreta en tiempos de Franco,
que consigue desmantelar a la cúpula de la
banda terrorista ETA justo cuando ésta pasa por
uno de sus momentos más delicados: su escisión
en dos frentes, el partidario de la lucha armada
por encima de todo, y el 'poli-mili', es decir,
el defensor de la vía política.
Ésta era una gran oportunidad para realizar una
buena película sobre ETA y el conflicto que viene
manteniendo con el Estado español desde hace casi
30 años. La historia de base es atractiva, pero
las pretensiones se acercan más, en este caso,
a vender entretenimiento que a ofrecer una revisión
histórica o, por qué no, partidista. A juicio
de esta cronista no se ha conseguido, ni mucho
menos, un largometraje sobresaliente, y eso que
había medios para ello.
No obstante, las expectativas suscitadas congregaron
en la première, entre otros, a numerosos
personajes del mundo de la política, como Iñaki
Anasagasti o Ángel Acebes; de la televisión,
como Nuria Roca, José Manuel Lorenzo
o Bertín Osborne; o del periodismo,
como Pepe Navarro o Pedro Ruíz.
Todos intrigados por lo que podía dar de sí la
recreación de la hazaña de 'Lobo'.
Sólo un apunte antes de desgranar los pormenores
del film: es, a priori, sintomático que se escucharan
risas en varias ocasiones durante la proyección,
esa misma mañana, en el pase de prensa. Y a buen
seguro que no era intención de los creadores que
se produjera tal efecto, por lo que habrá que
achacarlo, o bien, a una predisposición por parte
del público, que fue al cine con prejuicios encima,
o bien, a que la película no ha sabido transmitir
bien la historia.
Respecto a la sucesión de hechos, no hay nada
que objetar, puesto que componen la que es la
versión del verdadero 'Lobo'. No obstante, sería
interesante contar con la otra parte, aunque por
motivos obvios eso no es muy factible. Sin embargo,
una tiene la impresión de que si algún miembro
'histórico' de la banda terrorista se acercara
a un cine a ver la película, probablemente se
le escaparía también alguna que otra sonrisa.
La sensación de adorno en ciertas secuencias es
demasiado evidente, si bien se aprecia un intento
de reflejar determinadas situaciones tal y como
sucedieron, como por ejemplo, la "asamblea"
etarra, el intento de pasar la frontera con
Francia o el diseño del zulo.
El comienzo es eficaz. Empezar con una secuencia
futura y seguir con un flash-back, para
después continuar con la historia, es un recurso
muy utilizado en cine y que suele funcionar. Eso
le da vida al guión, preparando al espectador
para un desarrollo bien construido que luego no
acaba de cuadrarse. La inclusión de fechas, que
es lo que de verdad estructura la película, aporta
una realidad que, sin embargo, eliminan de un
plumazo las escenas a cámara lenta (tipo Bruce
Willis después de cargarse al malo), y la
banda sonora, en ocasiones no muy acorde con las
circunstancias.
Pero lo realmente disonante se encuentra en los
pequeños (o no tan pequeños) detalles. En primer
lugar, Eduardo Noriega. Aún sin
ser su peor actuación, el actor figura más por
su cara bonita que por su maestría interpretativa.
Dado su tirón comercial, los productores han optado
por colocarle a él de protagonista antes que poner
a un actor vasco de verdad (que los hay, y muy
buenos), y eso repercute negativamente en la credibilidad
del personaje. No basta con hacerle decir "que
ha pasao" y "pa qué" cada cuatro frases
o introducirle algún malmetido "pues" al
final de una pregunta.
Los otros indicios de que él y su mujer Carmentxu
(una Silvia Abascal, casi anecdótica) son
vascos o que viven en Euskadi, se reducen a que
conocen gente que sí habla con acento de allí
o a que sólo se alimentan de marmitako,
plato típico de aquella comunidad. Por lo demás,
podría parecer que residen en Valladolid, por
nombrar una ciudad cualquiera.
En segundo lugar, los diálogos tampoco son el
punto fuerte del film. Aparte de las mencionadas
risas del principio, es muy plausible que algunas
referencias al supuesto pensamiento etarra ("somos
una raza distinta"), o a las actuaciones de
la Policía y la Guardia Civil ("enterradle
en cal viva"), entre otras, representen más
un tópico bien aprendido que una realidad. El
abuso de los tópicos no es bueno, sobre todo cuando
rozan ciertos límites ("las mujeres en ETA
estamos para el descanso del guerrero"). Da
la impresión de que, a pesar de una buena documentación,
los diálogos resultan poco trabajados.
Las tensiones entre Guardia Civil y Policía secreta
están bien reflejadas, y a ello ayudan sin duda
los actores que, salvo un contenido José Coronado
('Ricardo') , resuelven su papel
con buenas maneras. Mención especial para Santiago
Ramos ('Patxi'). Y en el lado contrario,
la cabeza visible que representa Patrick Bruel
('Nelson'), el 'jefazo' de ETA que, además,
es el líder absoluto de la facción violenta, sólo
se ve un tanto distorsionado por su acento francés,
demasiado marcado para lo que podría ser en la
realidad.
Algo similar ocurre con Mélanie Doutey
('Amaia'), correcta en su papel de iluminada
e idealista hasta el paroxismo. El resto del reparto
merece una buena calificación, incluido Jorge
Sanz, 'Asier' (¿Pertur?), al
que casi no le da tiempo a explicar que realmente
existía una parte de la organización que quería
abandonar las armas. El guión podría haber abundado
en este punto, hubiera sido de agradecer. A pesar
de todo, el ritmo no se pierde por el camino y,
si se ignoran algunos de los apuntes anteriores,
la proyección puede resultar amena, sobre todo
hacia el final.
Por último, es necesario reseñar que, toda la
seriedad buscada con la historia de 'Lobo', casi
consigue esfumarse de golpe con la intervención
fugaz o 'cameo', nada sutil, de uno de los productores
ejecutivos. Como si de Torrente se tratara.
En fin, que es una lástima que un material tan
bueno dé como resultado un producto tan
'suficiente'.
ETA tendrá que esperar a la próxima película.
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