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Sobrevolando
un mundo de héroes M.J.ARIAS/Paolo FAVA (Madrid) Sky
Captain y el mundo del mañana no se trata sólo de una película de ciencia
ficción en la que un héroe se dedica a salvar al mundo. Nos encontramos ante un
film homenaje al mundo del cómic, de las revistas pulp y a la estética del cine
negro. Una mezcla de estilos que confluyen en una historia enmarcada dentro de
unos clichés conocidos por todos y con un resultado que entretiene y recuerda
a muchas otras cosas a pesar de su simplicidad. Tras seis años de preparación,
Sky Captain, que surgió a partir de un corto de seis minutos, aterriza
en nuestras pantallas con Jude Law al mando de la nave, con un curioso morro de
tiburón, y Gwyneth Paltrow como periodista entrometida de copiloto.
El argumento es bastante simple. Joe Sullivan, más conocido como Sky
Captain, tiene un negocio de avionetas que con sólo una llamada acuden a solucionar
cualquier problema. Algo así como la batseñal, pero radiofónica.
Hace tres años estuvo saliendo con Polly Perkins, periodista entrometida
e intrépida que hace cualquier cosa por una foto. Entremedias aparece Angelina
Jolie como la capitana Franky Cook. Ahora se han vuelto a encontrar
y se ven obligados a unirse para acabar con el doctor Totenkopf, para quien
han utilizado el rostro del fallecido Lawrence Olivier, y que se ha empeñado
en acabar con la pérfida especie humana. Es una historia propia de una revista
pulp, en la que un hombre, prácticamente solo, debe enfrentarse a fuerzas oscuras
para alcanzar su meritorio objetivo. Los personajes más famosos de este tipo de
literatura son La Sombra y El Fantasma Enmascarado, antecedentes
directos de los superhéroes. Sky Captain y el mundo del mañana
no es un cómic, pero bien podría haberlo sido. Su estética es enteramente la de
una viñeta tras otra, con una pizca considerable de cine negro. Por momentos recuerda
a Dick Tracy, pero con mucho menos color. Cada imagen nos deja un poso
de 'esto ya lo he visto' en la mente que no nos abandona en toda la película.
La acción transcurre en los años 40 en una ciudad que más o menos se ajusta a
la realidad con una ambientación propia de esa época. Como curiosidad, el responsable
del proyecto destaca que el amarradero para zeppelín en lo alto del Empire State
existió, como bien puede verse en una escena de King Kong.
Pero ante todo es una historia de héroes. Un héroe sin poderes, con sus necesidades
básicas cubiertas y sin una doble personalidad que le ayude a pasar desapercibido,
porque hay que reconocer que a Sky Captain le encanta la publicidad. Todo
el mundo sabe qué esperar de un héroe y Joe se ajusta a ello. Los héroes
deben impresionar al lector-espectador. Superman es uno de los más conocidos
de este género y desde aquel número de Action Cómic en julio de 1938 en el que
el alter ego de Clark Kent aparecía vestido de rojo y azul con los brazos
en alto y sujetando un coche la visión del salvador del mundo ha variado poco.
Dejó a todos con la boca abierta y no sólo eso, sino que un año más tarde pasaría
a convertirse en el único personaje en contar con una serie de cómic para
él solito. Por
su parte, Sky Captain bien podría haber entrado a formar parte del grupo
de "superhéroes aviadores" creado en los años cuarenta y que se
conocía con el nombre de Blackhawks. Eran pilotos de élite de distintas
nacionalidades que compartían el objetivo común de luchar contra
los nazis. A bordo de un avión también actuaba el Capitán Terror,
un aviador y submarinista que luchaba por su cuenta y que participó en
la Guerra Civil española. Pero lo más importante para que un héroe funcione
es que quien está tras la pantalla o pasando las páginas se sienta identificado.
Tiene que ser lo suficientemente humano para que no cause rechazo y temor. Esto
es algo que Kerry Conran, el director, tuvo muy encuentra a la hora
de definir la personalidad de Joe. Es un mercenario del aire, pero no por ello
con menos principios que alguien que actuase por puro altruismo. Así lo demuestra
el que sea capaz de recorrer medio mundo para salvar a un amigo que ha sido secuestrado
por un grupo de robots que le dieron toda una paliza. Consciente o inconscientemente,
el 'padre' de este nuevo personaje ha creado un paralelismo entre Superman y Sky
Captain que no pasa desapercibido al espectador. Clark Kent podía volar y siempre
estaba dispuesto para salvar el mundo, lo mismo que ocurre con Joe, aunque éste
suple la ausencia de la facultad de volar con un avión con el que hace maravillas.
Pero no sólo eso, ya que la entrometida Polly Perkins es muy similar en carácter
a la eterna novia de Superman Lois Lane. El nombre de la reportera se ajusta
a los cánones de la nemotecnia haciendo que nombre y apellido comiencen con el
mismo sonido. Lo mismo que en DC existen Lana Lang, Lex Luthor o
el propio Clark Kent, en Marvel, Peter Parker es el más claro ejemplo de
esto que también puede ser una simple coincidencia. También se deja ver
la similitud con el mismísmo Flash Gordon, un héroe espacial pulp
que pasó al comic y que recorría el espacio en su nave derrotando a monstruos
alienígenas (en especial el malvado emperador Ming). Asímismo,
existen influencias de Batman por lo misterioso del personaje y por la
cantidad de artilugios extraños de todo tipo que utiliza en sus aventuras.
Eso sí, en ningún momento se nos descubre si en el pasado de Joe existe un hecho
que le haga dedicarse a acabar con los villanos, a parte de por tener montado
un negocio aéreo para ello y sobrarle el dinero como para dedicarse a hacer virguerías
acrobáticas con su avión. Joe tiene suerte de no contar en su vida con ningún
episodio traumático que le obligue a salvar al resto de la desagradecida
humanidad, algo que sí tienen la mayoría de los héroes de
comic, y de que su mayor preocupación sea saber si su ex novia saboteó
su avión y aclarar que no fue infiel a Polly en ninguno de sus exóticos
viajes. Sin embargo, Sky Captain y el mundo del mañana
no es sólo un compendio de personajes de cómic y viñetas, sino que cuenta también
con una importante influencia de otras películas de las que ha extraído el arrojo
aventurero de Indiana Jones; decorados que recuerdan a King Kong o
a Metrópolis, en la que también se basó Tim Burton para
su película de Batman, y al ya mencionado cine negro.
Pero sin duda, el propio Conran lo ha reconocido, El Mago de Oz, que aparece
expresamente en la pantalla, también ha tenido mucho que ver. Compara el viaje
de Dorothy con el de Joe en busca del malo malísimo Totenkopf. Un
detalle: el nombre del malvado coincide con el de una unidad especial nazi encargada
de la vigilancia de los campos de concentración y de destruir a enemigos del reich.
¿Casualidad? Descubrimos también un guiño a la Isla del
doctor Moreau, que es mejor no desvelar. La
relación entre Joe y Polly es toda una réplica de las que durante años se vivieron
en el cine: Historias de Filadelfia, Sucedió una noche, La fiera
de mi niña y tantas otras. Diálogos con alguna que otra gracia previsible
como antaño y mucha técnica. De hecho, los actores rodaron sin escenarios, ya
que estos se fueron incorporando después mediante ordenador. De ahí la apariencia
tan 'extraña' que en los primeros minutos resulta incómoda, hasta que uno se acostumbra
a verlo casi todo en blanco y negro o en sepia como difuminado. Podría
decirse que es una peli de antes con la tecnología de ahora. Lo mejor escena
de todas es la persecución de los robots y las alas voladoras por pleno centro
de Manhatan. Artilugios que parecen sacados del universo George Lucas.
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