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El
diálogo es la clave
María José ARIAS (Madrid)
Conversaciones
con mamá, el nuevo trabajo de Santiago Carlos
Oves, es una película argentina con todos los
ingredientes necesarios para que el espectador
salga satisfecho de la sala y pase una hora y
media deliciosa. Se trata de uno de esos films
que cuándo llegan a los títulos de crédito te
queda la sensación de que el mundo que se encuentra
fuera de la pantalla de cine es un poco mejor
que antes de sentarte en la butaca y de que has
acertado al invertir seis euros en una buena tarde
de cine. Con un argumento sencillo, diálogos ingeniosos,
una buena dirección y el talento de Eduardo Blanco,
China Zorrilla y Ulises Dumont, el resultado no
puede ser otro que una gran película.
Como argentina que es, Conversaciones
con mamá coloca de telón de fondo la crisis
económica del país, para situar un problema que
ha existido siempre y que seguirá existiendo:
las complicadas relaciones entre padres e hijos.
Jaime (Eduardo Blanco) es un economista
de la clase media alta que de pronto se ha quedado
sin trabajo y que tiene que sacar adelante a dos
hijos que no son lo que quieren ser y a una mujer
estirada cuya única meta en la vida consiste en
que los vecinos no se den cuenta de su ruina.
Ante una situación tan negra como ésta,
Jaime, aconsejado por su mujer -influenciada a
su vez por su madre-, decide que la única solución
para salir del atolladero es vender el departamento
en el que vive Mamá (China Zorrilla),
una entrañable anciana de ochenta y dos años que
se ha echado un novio trece años menor que ella,
Gregorio (Ulises Dumont) y que se
denomina así mismo como 'anarcojubilado'; algo
que descoloca por completo al hijo, que no sabe
como decirle a su madre que debe abandonar su
casa después de tantos años.
Así
se retoma el contacto in situ, y no sólo
telefónico, entre madre e hijo. Jaime acude cada
día a visitarla para convencerla de que deje el
departamento y se vaya a vivir con ellos. Pero
en cada conversación irá redescubriendo a su madre,
una anciana en la que el espectador verá reflejado
a la suya propia. Con unos diálogos ingeniosos
y tres grandes interpretaciones, Oves logra
que el espectador ría con una visión divertida
de la vida cotidiana.
Madre e hijo comparten visiones paralelas del
mundo. De un lado la sociedad de las apariencias
y el lujo. Del otro, lo campechano y casero. Imagínense
que las conversaciones, al menos al principio,
son más bien monólogos de cada uno de ellos sin
que se presten atención. El hijo que se siente
incomprendido por su madre que no se sabe si no
se entera de lo que le dicen porque es mayor o
si simplemente prefiere llevar, como toda madre,
la conversación a su terreno.
Cualquier hijo puede ver reflejada
a su progenitora en el personaje de China Zorrilla,
que da en el clavo de esta abuela moderna, enamorada
y con una visión mucho más progresista y simple
de la vida que su propio hijo, quién ha 'vendido'
sus ideales por un trabajo fijo, que no resultó
tal, y las comodidades que da la plata. Un vástago
al que da vida Eduardo Blanco, a quien el papel
le viene como anillo al dedo, porque su rostro
cómico y triste reflejan con pleno acierto a un
hombre agobiado por los problemas.
Se
trata de una película amable, sencilla para salir
del cine reconciliado con el mundo o como mínimo
para lograr quitar hierro al eterno conflicto
generacional entre padres e hijos que tantos quebraderos
de cabeza da a unos y otros. Así que ya
saben: si les gusta el cine sin aderezos, con
chispa y tan sencillo como la vida misma no duden
en ir a ver Conversaciones con mamá.
La compañía materna es opcional.
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