Jesús está entre nosotros

Saved! (¡Salvados!)
Director: Brian Dannelly
Intérpretes: Jena Malone, Mandy Moore, Macaulay Culkin, Patrick Fugit, Heather Matarazzo, Eva Amurri, Chad Faust, Elizabeth Thai, Martin Donovan, Mary-Louise Parker
Comedia

Mirentxu MARIÑO/Ociocrítico (Madrid)

Hoy día casi nada puede considerarse irreverente. Por eso, una película como ¡Salvados! (Saved!), que pretende ser una parodia de la educación religiosa en Norteamérica, no tiene mucho que hacer si sólo se queda en los tópicos más fáciles. Si además añadimos las andanzas de un puñado de adolescentes que van al instituto, con todo lo que eso conlleva, el círculo se cierra por sí solo.

Los protagonistas acuden al centro ultra católico 'American Eagle' en el que supuestamente les enseñan los valores que deben regir sus vidas. Ciertamente no se aprecia que estudien otras cosas como Matemáticas o Literatura, parece que están todo el día dándole a la palabra de Dios, cosa un tanto exagerada. Además, el mentado colegio, en el que se deshacen de los gays mandándolos a reformatorios, sólo fuman y "fornican" los marginados (un paralítico ateo y una judía rebelde ninfómana) y sin embargo todos practican el tiro con armas, está llevado por un pastor separado de una misionera y con un hijo, Patrick (Patrick Fugit), sorprendentemente no trastornado.

El comienzo está bien planteado, compuesto por flash-backs dinámicos y que prometen un ritmo que empieza a chirriar más o menos a los veinte minutos de metraje. El guión llega a ser muy repetitivo y la escasa hora y media de película se hace un poco larga. Lo único que aporta algo de frescura son las voces en off del inicio y el final y algún que otro sarcasmo acerca de los cristianos y sus creencias. La idea inicial podría haberse exprimido mucho más.

La existencia de la protagonista, Mary (Jena Malone), ha transcurrido ligada a Jesús (nombre repetido de manera cansina por todo el reparto) desde que nació, lo cual la ha mantenido en una burbuja de felicidad permanente. Su madre, Lillian (Mary-Louise Parker), una viuda que se tiñe el pelo compulsivamente, forma también parte del universo creyente. Todo va bien en ese oasis de paz y armonía hasta que Mary, intentado recuperar para la causa a su novio homosexual, se queda embarazada "sin darse cuenta".

En ese momento, entra en una fase de deterioro físico y mental capaz de llevársela al otro lado, es decir, al de los descreídos que viven con los pies en la tierra. Eso hará las delicias de Hillary Faye (la cantante explosiva Mandy Moore), una fanática, pija y puritana reina del baile de fin de curso, hermana de Roland (un rehabilitado y seriote Macaulay Culkin), el paralítico, que se erige en líder espiritual de toda la trouppe de púberes que la rodea. En especial de sus dos fieles compinches. Ella, derrochadora de bondad, no es todo lo que parece, pero eso ya lo intuimos casi antes de conocerla. A partir de ahí y hasta el final, todo gira en torno a la rivalidad entre los buenos y los malos cristianos, moralina incluida, claro.

La única chica judía del instituto, Cassandra (Eva Amurri), pone patas arriba la forzada rectitud del colegio y encarna en sí misma todos los pecados posibles. Todo ello entre grandes y manifiestas gesticulaciones. En esta película los actores se dividen en dos, los histriónicos y los tranquilos, para compensar. Y todos y cada uno pasan sin pena ni gloria por su papel, aunque el esfuerzo realizado les basta para cumplir.

Toda esta paranoia religiosa ha sido retratada muchas veces. Me quedo con dos: Ned Flanders y sus hijos, vecinos de Homer Simpson, y la delirante Dogma, de Kevin Smith. Pero lo que le falta a ¡Salvados! es ese punto gamberro de Alex de la Iglesia en El día de la bestia: ya que te metes con algo hazlo con todas las consecuencias. Pero no, el film de Brian Dannelly, supuestamente basado en sus experiencias personales, se queda en la comedia sentimentaloide en la que acaban todas las producciones norteamericanas para público joven.

No obstante, como ya he mencionado, habría que resaltar un par o tres de gags que tienen su gracia. La protagonista, que prefiere tener cáncer a estar embarazada, porque es pecado, forma parte junto a Hillary Faye de un conjunto de música llamado "Las joyas de Jesús". El chico que le gusta, Patrick, está integrado en un grupo cristiano de skate. Y todos, en sus ratos libres, van a disparar con pistolas en el club de tiro "Ojo por ojo"...

La moraleja final es que, en el fondo, todos somos iguales y buenos de corazón. Todo eso está muy bien, pero a buen seguro que el espectador echará de menos un poco más de maldad. Sobre todo con la que está cayendo en este tipo de temas.


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