Amelie se va a la guerra


Un long dimanche de fiançailles
Director: Jean-Pierre Jeunet
Intérpretes: Audrey Tautou, Gaspard Ulliel, Jean-Pierre Becker, Jean-Pierre Becker

por María José ARIAS (Madrid)

El ahora afamado director francés Jean-Pierre Jeunet regresa con Largo domingo de noviazgo, un proyecto que durante diez años estuvo aparcado y cuya idea surgió tras la lectura de la obra homónima de Sébastien Japrisot. Se trata de una historia de amor ambientada en la Primera Guerra Mundial que no sólo no resulta creíble, cosa que para nada es criticable en la pantalla de un cine, si no que chirría en muchas de sus partes -la gran mayoría- y resulta tediosa, dilatada y a veces demasiado empalagosa incluso para una película de amor.

Largo domingo de noviazgo está protagonizado por Audrey Tatou, la que hiciera de Amelie y que en esta película parece repetir papel pero siendo coja. El personaje de Mathilde es una huérfana que se ha criado con sus tíos en un pequeño pueblo de la Francia costera y que es la prometida del hijo del farero, Manech (Gaspard Ulliel). Todo va perfecto en sus vidas hasta que el joven es llamado a filas para defender a la madre patria. Entonces comienza un calvario para Matilde, que invertirá la fortuna heredada de sus "difuntos padres" en seguir la pista de su novio, del que no se sabe nada desde hace cuatro años, cuando fue condenado a muerte en enero de 1917.

Lo que pretende ser una historia de amor basada en la lucha de la protagonista por encontrar a su amado mientras intenta superar todos los escollos que encuentra en su camino, se convierte en un sinsentido con personajes circenses que más parece una continuación de Amelie, pero ambientada en la guerra, que un proyecto distinto y tan trabajado como el que se promete en un principio.

Desde luego, el título hace honor a la película, ya que la historia se hace muy larga dada la lentitud de los avances investigadores de la protagonista y la repetición de escenas desde puntos de vista diferentes. Pero lo que más influye en el ritmo de Largo domingo de noviazgo es la forma de rodarla y presentarla, muy al estilo de la otra obra famosa de Jeunet, que gustó a muchos, pero también disgustó a otros tantos.

Los actores son los que son. La dulcinea empalagosa que vimos en Amelie se convierte ahora en una niña con cara de buena que se las ingenia bastante bien para manejar a los que le rodean a su antojo y salirse siempre con la suya, aunque para ello tenga que utilizar su cojera como arma sentimental. Si es cierto que el fin justifica los medios, éste sería uno de esos casos. El otro vértice de la historia, Manech, al que da vida Gaspard Ulliel, es un joven ilusionado con todo y distraído como él sólo que se ve involucrando en una guerra que no le pertenece. Vivir en las nubes continuamente, a lo que contribuye su aspecto de eterno quinceañero, será el desencadenante de toda la tragedia.

En cuanto a cómo presentar el producto, quizá las escenas más violentas podrían haberse 'suavizado' un poco si realmente lo que se intentaba era contar una historia de amor tan ñoña como los protagonistas. Algunas de las escenas del frente chirriaban demasiado dentro del tono general de la película. No es porque nos pongamos puritanos con la crueldad de la guerra en la pantalla a estas alturas de la película, sino que en este caso sobraban.