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El
cine visto desde un avión
The Aviator
Director: Martin Scorsese
Interpretes: Leonardo DiCaprio (Howard Hughes),
Cate Blanchett (Katharine Hepburn), Kate Beckinsale
(Ava Gardner), Alec Baldwin (Juan Trippe), John
C. Reilly (Noah Dietrich), Alan Alda (Senador
Owen Brewster), Ian Holm (Profesor Fitz)
María José ARIAS (Madrid)
El Aviador, de Martin Scorsese,
recorre la vida de Howard Hughes entre
las décadas de los veinte y los cuarenta. Hughes
fue un multimillonario y extravagante personaje
que saltó a la fama con la realización de la película
más cara de la historia del cine hasta el momento:
Ángeles del infierno. Todo un bombazo de
cuatro millones de dólares de los de antes que
sirvió a Hughes para dar el salto a la ansiada
y agobiante fama.
Hughes era un huérfano. Heredero de una fortuna
que decidió invertir en hacer su sueño realidad:
construir aviones para batir todos las marcas
posibles y producir películas de altos vuelos.
Un sueño que vigiló al milímetro y al segundo
sin reparar en gastos. Todo le parecía poco para
Ángeles del infierno, que tuvo que rodar
dos veces al irrumpir el cine sonoro con El
cantor de jazz (1927), justo cuando iba a
estrenar su opera prima. ¡Maldita casualidad!
El Aviador es una película para cinéfilos.
Cine dentro del cine que hará las delicias de
los más perspicaces a la hora de encontrar al
personaje escondido; la película que se rodaba
en ese momento; los parecidos razonables entre
los actores de blanco y negro y los actuales;
y, sobre todo, los escarceos amorosos entre las
gentes de Hollywood que aparecen, aunque sólo
sea de refilón, como Spencer Tracy, causante
indirecto de gran parte de los males del afamado
productor y aviador.
Contemplando
la historia de Scorsese, resulta casi imposible
no acodarse de la mítica Ciudadano Kane.
Al igual que la obra maestra de Orson Welles,
en El Aviador existe una palabra con la
que empieza la película y que nos acompañará durante
los casi 170 minutos de metraje: C-U-A-R-E-N-T-E-N-A.
Kane y Hughes comparten extravagancias y gusto
por los flashes. Sin embargo, algo les
diferencia de tal forma que les convierte en dos
personajes totalmente opuestos. Mientras el primero
muere sólo y abandonado, el segundo cuenta con
un carácter mucho más afable que le proporciona
algunos amigos que le servirán de bastón en los
momentos más complicados de su carrera.
DiCaprio, nominado al Oscar como Mejor
Actor y ganador del Globo de Oro, ha logrado captar
con acierto la esencia del personaje: sus tics,
manías, gestos, psicosis y su entusiasmo a la
hora de hacer las cosas, sin importarle tener
enfrente al mismísimo responsable de la Warner
o al director de la compañía aérea Pan America,
interpretado por Alec Baldwin.
Pero Scorsese no ha hecho sólo una película, sino
que ha ido más allá. Podría decirse sin errar
por ello que se trata de un estudio sobre la fama
y sus consecuencias. Lo que cuesta alcanzarla
y todo lo que se pierde en el camino, como la
intimidad y la humanidad. Más o menos lo que llega
a lamentar en una escena la propia Kathetine
Hepburn, con la cara de Cate Blanchett.
El
ritmo resulta animado y hace llevaderas las más
de dos horas y media de duración. La velocidad
de los aviones se contagia al resto de la película
y a la vida del protagonista, que vive a un ritmo
frenético, lo que contribuye al aumento de sus
neuras, manías y complejos. La composición de
las escenas está cuidada tan al detalle que cada
imagen parece una fotografía perfecta. El único
'pero' es que el aspecto de DiCaprio no cambia
en 20 años. Algo que unas canas por aquí y unas
arrugas por allá habrían hecho un poco más realista,
sobre todo tratándose de una biografía. Por lo
demás, muy recomendable.
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