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Un
golpe certero
Million dollar baby
Director: Clint Eastwood
Intérpretes: Clint Eastwood, Hilary Swank, Morgan
Freeman
Drama
Mirentxu MARIÑO (Madrid)
Clint Eastwood es indiscutible. Haga lo que
haga. Con Million dollar baby vuelve a
sorprender gratamente al personal, no sólo por
la pulcritud en la impecable realización del film,
sino también por la calidad y dirección de los
actores (incluido él mismo) y por su tremenda
capacidad para contar bien una historia. Pocos
saben hacerlo. Su anterior trabajo, Mystic
River, es buen ejemplo de ello.
Frankie Dunn (Eastwood) es un entrenador
de boxeo entrado en años que vive atormentado
por historias personales. Pasa sus largas horas
en un gimnasio, del que se ocupa su amigo y ex
pupilo Scrap (Morgan Freeman). Ambos
llevan años juntos y se han instaurado en una
rutina que no les permite ver más allá del saco
que cada día golpean, sin parar, media docena
de mediocres aspirantes. Pero, aunque quisieran,
no podrían dejar de hacer lo que hacen.
Un buen día, aparece en sus vidas Maggie Fitzgerald
(Hilary Swank), una camarera treinteañera
que ansía pelear y que no ceja en su empeño a
pesar de las dificultades. Su tesón y vitalidad,
ayudados por la velada complicidad de Scrap, convencerán
a Frankie para que se haga cargo de ella y le
enseñe a boxear en condiciones. Entre ellos se
crea desde entonces un vínculo muy fuerte en el
que se apoyarán para dejar atrás el amargo pasado.
No sólo lo conseguirán, sino que llegarán a tocar
el cielo con los dedos.
En
Frankie y Maggie recae todo el peso de los acontecimientos.
Y por ellos nos va guiando consecuentemente Scrap,
que adopta un papel de narrador omnisciente y,
por ende, de observador contumaz. Por un motivo
muy concreto, él es el que explica las cosas que
ocurren y las que no, el que intenta que el espectador
comprenda el comportamiento de los que le rodean,
el que nos sumerge en el vertiginoso mundo del
boxeo; él sabe más que nadie. Freeman encarna
un personaje a su medida, lleno de sabiduría y
experiencia vital aunque con sus propias y dolorosas
espinas; paciente y rebosante de serenidad.
Así, ve en Frankie a un ser angustiado provisto
de una coraza afectiva que le permite sobrevivir
a todo. El viejo entrenador tiene un miedo atroz
a lo que pueda pasar y nunca se arriesga. El rostro
hermético de Clint Eastwood facilita este tipo
de papeles, focalizando toda su expresión en los
ojos, que de forma espectacular cuentan casi más
de lo que deberían. El tío duro es en este caso
un hombre carcomido por la pena que, a falta de
fe, se agarra a una desconocida que le recuerda
a su hija. Muy contenido pero con fuerza: el Eastwood
de siempre.
Ella es todo lo contrario. Representa la lucha
por conseguir lo que quiere, el afán de no permitir
que los años pasen por su vida sin remedio. Lo
único que le motiva es pisar un rin, y tratará
de hacerlo a toda costa. Swank, actriz premiada
con un Oscar por su magnífica actuación en Boys
don' t cry, convence y emociona. Es un torbellino
interpretativo que en algunos momentos llega incluso
a eclipsar a sus dos compañeros de reparto. A
ello también contribuye la preparación física
a la que fue sometida durante el rodaje (con un
desarrollo muscular notable) y sus ágiles y estudiados
movimientos en el cuadrilátero.
Un
apunte más. Es reseñable, a juicio de esta cronista,
el hecho de que exista un extraño paralelismo
entre el devenir de Frankie y el de Maggie. El
primero, parece rejuvenecer secuencia tras secuencia,
mientras tanto, la joven no hace sino envejecer,
tanto exterior como interiormente. Y será ella,
a pesar de su edad, la que llegue antes a una
profunda madurez que le permita asimilar todo
lo vivido. Ambos actores bordan con perfecta sencillez
estos extremos. Freeman, por su parte, debe quedarse
donde está, en una especie de limbo permanente.
La película está bien construida. La intensidad
de la acción tiene un recorrido muy marcado hasta
que llega el giro fundamental en el guión, el
que hace que merezca aún más la pena haber visto
el film. El final cierra el círculo y otorga sentido
a lo que previamente el señor Eastwood expone
con maestría. Por lo demás, son destacables los
movimientos de cámara en los excitantes combates
de boxeo (muy bien conseguidos) y el empleo de
la luz. La atmósfera lúgubre da pie al juego del
director para diferenciar muy bien dos terrenos
totalmente opuestos: las jornadas en el gimnasio
y las existencias de cada protagonista transcurren
entre sombras, no obstante, cuando Maggie pone
el pie en un ring, la luz inunda de repente toda
la pantalla.
En resumen y sin ánimo de revelar mucho más, esta
historia es la de la lucha por la vida y por el
amor que uno quiere. Es una firme candidata a
los Oscar de Hollywood, y a buen seguro que se
quedará unos cuantos, sobre todo en detrimento
de la enviada española, Mar adentro. Cuando
se acerquen a los cines (háganlo) a ver Million
dollar baby entenderán por qué.
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