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Espíritu de equipo
enlatado
Coach Carter
Director: Thomas Carter
Intérpretes: Samuel L. Jackson, Ashanti,
Robert Ri'chard, Rob Brown
María José ARIAS (Madrid)
Somos
un equipo mediocre de instituto. Nuestro barrio
es un gheto donde el crimen y los trapicheos campan
a sus anchas. La única forma que tenemos de salir
de aquí es jugando al baloncesto y consiguiendo
una beca para la universidad. Los estudios nos
dan igual. Y, para colmo, nos ponen como entrenador
a un hombre de hierro con el rostro de Samuel
L. Jackson. Conclusión: la vida es una mierda.
Éste es el argumento de Coach Carter, la
enésima película con espíritu de equipo americano
que tiene toda la pinta de que pasará por España
sin pena ni gloria. Aunque en esto del séptimo
arte siempre hay fenómenos extraños.
Ken Carter es un antiguo jugador de baloncesto
universitario a quien una beca le salvó de acabar
muerto en cualquier esquina o entre rejas por
haber nacido en uno de los barrios más pobres
de la ciudad. Ahora, vuelve al instituto para
tomar las riendas de un equipo de baloncesto pasado
de rosca y con la rebeldía por bandera. Pero Carter
llega pisando fuerte y obliga a todo aquel que
tenga la intención de jugar al baloncesto a firmar
un contrato en el que se comprometa a aprobar,
asistir a clase y usar corbata. Su llegada pone
al equipo de Richmond patas arriba, pero su táctica
comienza a dar frutos rápidamente.
Con
este planteamiento inicial, el resto pueden imaginárselo
ustedes mismos. El objetivo de esta película es
retratar una vez más el espíritu de equipo que
supuestamente rige a los estadounidenses, sobre
todo en los barrios menos favorecidos. La credulidad
no cuesta. Amistad, compañerismo, afán de superación
y fidelidad son los valores que se ensalzan con
Coach Carter. Hacerlo lo hacen. Pero, llegados
a este punto de la evolución del cine, lo importante
la mayoría de las veces no es lo que se cuenta,
ya que las historias originales escasean, sino
el cómo. Eso es lo realmente original. Dar una
vuelta más a una historia de sobra conocida y
sorprender así al público. Para rodar un film
más, lo mejor es no hacer nada y guardarse el
dinero para mejores proyectos.
Se trata de la típica historia que un actor hace
por dinero y no por lucimiento personal. Algo
que los productores deberían haber tenido en cuenta
en el momento en el que el guión llegó a sus manos.
Quizá hubiese sido más acertado contratar a un
actor con tirón y capaz de mover a los espectadores
a las salas, aunque sólo sea por ver su cara bonita.
De esas películas, está la cartelera llena.
Ya no hay mucho más. Los personajes son planos.
Sin ningún tipo de evolución interior a parte
de la previsible en este tipo de historias, si
es que eso puede entrar dentro de la categoría
de evolucionar hacía algo. El equipo lo forman
un grupo variado y pintoresco. Tenemos al típico
listillo que se las da de 'soy el rey del mundo',
hasta que alguien le cierra la boca. Después el
hijo del entrenador, un chico tímido y bien vestido
que ha de ganarse la confianza y el respeto de
los compañeros. El grandullón torpe. El ligón
de tres al cuarto. Y así hasta la extenuación.
Lo que se agradece es que nos ahorren ver a las
típicas animadoras haciendo el indio en medio
de la cancha con sus pompones.
Lo
único que se puede salvar de las casi dos horas
y media de tedio es el baloncesto. Largas escenas
de partidos en las que cualquier aficionado al
deporte de la canasta pueden disfrutar de impresionantes
mates, bandejas, triples y demás adornos que hacen
que Coach Carter tenga algún tipo de interés.
Pero para eso ya tenemos la NBA. El resto puede
considerarse puro aderezo de los momentos deportivos
de la obra de Thomas Carter, que es el
responsable del rodaje de esta historia de balones
y superación.
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