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Fábula quebrada
Frágil
Dirección: Juanma Bajo Ulloa
Intérpretes: Muriel, Julio Perillán,
Inma Colomer, Paula Pizzi, María Bazán, Silvia
Segovia, Lidia Navarro, Bibiana Schönhöfer, Violaine
Estérez, John G. Rubin, Pilar Rodríguez Zabaleta.
Mirentxu MARIÑO (Madrid)
Frágil
es un corto que dura dos horas. Tal cual. Un cuento
torcido estirado al límite y narrado mediante
un extraño proceso que se ve arrastrado por el
ingenuo silencio de su protagonista, Venus.
Habla del amor y sus carencias, de historias principescas
y del sentido de la vida para unos y otros. El
comienzo y el final están bien planteados,
bien ejecutados, pero el grueso del metraje, que
se asemeja sospechosamente a un sueño recurrente,
sería fácilmente condensable en unos pocos minutos.
Una niña de ocho años y su padre viven en el campo
y se dedican a fabricar miel de flores. Entre
ellos no existe vínculo afectivo alguno, tanto
es así que no cruzan una sola palabra en todo
el tiempo que el film los muestra juntos,
siendo los únicos sonidos que el espectador escucha
el del ambiente, el de una reveladora canción
de Frankie Avalon y el del suave tarareo
de la pequeña Venus. La trágica muerte de su madre
fue la causante de esta tediosa existencia, plagada
sin remedio de rutinas y frustraciones.
Un buen día la niña se enamora del hijo del panadero,
un flechazo puro y blanco que tornará en desilusión
cuando el muchacho deba partir con su familia
hacia la ciudad. Ambos se juran amor eterno en
el que es el primer diálogo de la película. Lo
siguiente es fácilmente previsible: el padre muere
años después y la ya joven abandona la casa en
busca de su amado. Hasta aquí todo bien. Lo demás
pretende ser una visión de la realidad a través
de la mirada deformada de Venus, que vive encerrada
en una opaca burbuja de soledad infantil.
Que el supuesto amor de la chica sea un actor
de mucho éxito que se acabe cayendo del pedestal
no es del todo una mala idea, pero que, casualmente,
esté rodando una película sobre caballeros y princesas,
hecho que le sirve a Juanma Bajo Ulloa
para resolver parte del desenlace, resulta muy
pero que muy forzado. Los demás personajes están
representados con unos perfiles extremos fácilmente
identificables en un buscado relato fantástico,
como la panda de 'brujas' que conforma el servicio
de la mansión en la que el equipo de Hollywood
se ha recluido para rodar la superproducción "Dark
tale". Su 'aquelarre' en la mesa de la cocina
es una de las escenas más sugestivas de Frágil.
Al margen de la historia hay algo que desconcierta,
y es el asombroso parecido de los dos actores
principales (Julio Perillán y Muriel)
con Eduardo Noriega y Laia Marull,
sobre todo el primero, que es clavado al santanderino
hasta en el tono de voz y en esa poca naturalidad
que desprende interpretando a una estrella atormentada.
Esto provoca un desvío inesperado de la atención.
Ella, por contra, sí resulta convincente
en su papel de lunática soñadora. La conexión
entre ellos es nula. En cuanto al resto, no se
puede decir que ninguno de ellos destaque sobremanera,
ni siquiera Imma Colomer, casi la más solvente
del reparto.
Rodada en los bellos paisajes de Euskadi y con
un bajo presupuesto, Frágil basa su continuidad
narrativa en un guión irregular, en una variedad
infinita de planos en los que predomina la fijación
incisiva por los rostros y las miradas y en una
banda sonora interesante. Y salpicadas entre esta
maraña coexisten varias secuencias olvidables,
como la del eterno vómito de Vénus o la de la
búsqueda desesperada que David inicia por
el campo, exagerada hasta decir basta.
Alas de mariposa y La madre muerta,
anteriores trabajos del director, son dos ejemplos
claros de esa atmósfera inquietante que
Bajo Ulloa no consigue recrear y mantener en el
presente trabajo. Se queda en un experimento mejorable.
Y deja un poso de confusas interpretaciones carente
(menos mal) de moraleja pero lleno de ganas de
darle a la historia una determinante vuelta de
tuerca.
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