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Perdidos en los pasillos
del suspense
La Intérprete
Director: Sidney Pollack
Intérpretes: Nicole Kidman, Sean Penn,
Catherine Keener, Sidney Pollack
María José ARIAS (Madrid)
Sydney
Pollack nos trae por fin La Intérprete
tras meses y meses oyendo hablar sobre la
primera película que ha conseguido autorización
para rodar en el interior de la ONU, territorio
internacional. Con algún que otro 'palo' a la
superioridad de la que hacen gala los norteamericanos
y una trama más que mascada y previsible, la película
intenta sostenerse sobre la actuación de dos actores
de renombre una historia con una acabado imperfecto
en el que demasiados cabos quedan sueltos. Una
película coja que decepcionará a los más exquisitos
y perfeccionistas.
Los giros dentro de una misma historia suelen
dar buen resultado, sobre todo a maestros del
género como David Fincher. Pero cuando
la sospecha deja de serlo para convertirse en
una obviedad, algo no funciona como debiera. Algo
lenta y un tanto previsible, La Intérprete
será recordada más por recorrer los pasillos de
la ONU que por ella misma. Y eso no es bueno.
Trae a la mente detalles de otra de las películas
más exitosas del director, que aparece en pantalla
con un pequeño papel como jefe de los agentes
en cuestión. Nos referimos a La Tapadera,
aunque esta vez no logra crear el ambiente asfixiante
y tan controlado de entonces.
Nicole
Kidman fue la rutilante estrella elegida por
Pollack para protagonizar este nuevo proyecto.
La buena de Nicole es Silvia Broome, una
sudafricana que creció en un entorno hostil por
culpa de la corrupción y el terrorismo tanto rebelde
como gubernamental. Una mina mató a sus padres
y a su hermana, tragedia que la dejaría marcada
para el resto de su vida. Con un pasado oscuro
y lleno de recovecos, Silvia se traslada a Nueva
York para entrar a trabajar en la ONU, organización
en la que confía para lograr la paz.
Su soltura con los idiomas le proporciona con
rapidez un puesto como intérprete en este organismo
internacional. Su vida transcurre sin sobresaltos
hasta que oye una conversación de la que nunca
debería haber sabido nada. Escucha, en un idioma
que a parte de los autóctonos pocos son capaces
de entender, una conversación en la que se habla
de matar al dictador que gobierna su país. Como
es de espera, sino no habría película, lo cuenta
a la Policía. Así se cruza en su camino Tobin
Keller (Sean Penn), un torturado agente
que acaba de perder a su esposa y que no termina
de creerse la historia de la intérprete.
El resto de la película transcurre entre 'te creo'
y 'no te creo'; supuestos misterios que no lo
son tanto y giros y más giros que marean al espectador.
El personaje de Silvia se mueve en un terreno
pantanoso bordeando la línea entre la verdad y
la mentira constantemente, tanto que se hace pesado,
ya que la sentencia sobre la culpabilidad o no
de la traductora parece clara desde el planteamiento.
Son demasiados los hilos que quedan sueltos que
no podemos desvelar para no molestar a aquellos
que realmente quieran descubrirlos por ellos mismos.
Errores de guión que podrían haberse aclarado
con facilidad y con alguna que otra escena más.
Lo
más interesante es la muestra que el director
nos ofrece de cómo la gente afronta sus miedos
y traumas. Dos personajes opuestos, con formas
diferentes de afrontar los retos del día a día
pero unidos por un sufrimiento común: la pérdida
de seres queridos. Mientras Silvia, con una fachada
frágil, se escuda en la soledad impuesta obligada
por miedo a perder a alguien más; Tobin se refugia
en una ironía y una rudeza que sólo reflejan su
cobardía para enfrentar el dolor. Una fachada
de tipo duro que tarde o temprano tendrá que abandonar
para superar el pasado.
Parece obvio que éste no es precisamente uno de
los mejores papeles de Nicole Kidman. De la misma
forma que en Los otros era capaz de comunicar
sólo con la fuerza de su mirada, en La Intérprete
su obsesión por las palabras o la ausencia de
las mismas hacen que su actuación pierda credibilidad.
O quizá ese era el objetivo del director. Por
el contrario, Sean Penn está, como siempre, magnífico
en un papel que le viene como anillo al dedo.
Un hombre amargado, triste, cabreado con el mundo
y torturado. ¿Quién mejor que él para interpretarle?
Es Sean Penn haciendo de Sean Penn. Como actor
cómico no da el perfil, desde luego, pero el drama
es lo suyo. Guste más o menos su estilo, de esto
no hay duda.
Quizá
la historia habría mejorado con un final sin moraleja
y algo más sólido. Lo peor de todo es la anticipación
del espectador a lo que ocurrirá después. Cuando
el desenlace resulta previsible, lo mejor es intentar
no disimularlo sino contarlo de una forma original
y distinta, pero Pollack no lo consigue. Por el
contrario, lo que logra es un final sacado de
la filosofía vital del ogro verde obligándonos
a pensar: "Y voy yo, y me lo creo".
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