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Cuando las apariencias
engañan
Bodas y prejuicios
Director: Gurinder Chadha
Intérpretes: Martin Henderson, Aishwarya
Rai
María José ARIAS (Madrid)
Divertida,
colorista, romántica y musical. Así es Bodas
y Prejuicios, la nueva película de Gurinder
Chada, responsable de la exitosa Quiero
ser como Beckham. Cómo muy bien dice el título,
se trata de una película enmarcada en un ambiente
asfixiante de bodas y choques de culturas que
sitúan a los personajes de esta peculiar historia
en situaciones de lo más variopintas y ridículas.
Directa desde el mismísimo Bollywood, Bodas
y Prejuicios no puede negar que lleva el sello
de esta peculiar fábrica de sueños en la que cualquier
ocasión es buena para marcarse un videoclip.
Lalita Bakshi (Aishwarya Rai) es
una chica de la India con unas ideas peculiares,
que chocan continuamente con la forma de plantearse
el futuro de su agobiante madre. La segunda de
cuatro hermanas, se nos presenta a una joven guapa
y culta cuyo sueño es encontrar a un príncipe
azul con el que compartir el resto de su vida.
Pero ése no es el objetivo de su progenitora,
que se ha marcado como único cometido casar a
sus hijas con el más rico del lugar. Cuanto antes,
mejor. No sea que se les vaya a pasar el arroz.
Menos mal que su padre se convierte en su mejor
aliado en la lucha contra una tradición ancestral.
El
otro protagonista de esta historia de amor es
un rico y estirado americano, William Darcy
(Martín Henderson), hijo de los dueños
de una cadena hotelera de lujo, obsesionado con
el trabajo y amargado por una vida solitaria y
con una madre que, a pesar de lo avanzado de su
país de origen, está empeñada en casarle con la
típica barbie sólo por el interés. Su vida cambiará
cuando, acompañando a un par de amigos, acuda
a la India para asistir a una boda. Allí tropieza
con Lalita. Y entonces comienza el espectáculo.
Como comedia romántica que es, la historia no
puede ir rodada nada más arrancar. Desde el primer
momento en el que sus miradas se cruzan, Lalita
y William no resultarán indiferentes el uno para
el otro. Al él le molesta la superioridad con
la que ella se mueve y la forma en la que le trata,
como si fuese un invasor. A ella, lo que le saca
de sus casillas son los prejuicios de los que
hace gala el arrogante ricachón americano. William
deja ver desde un principio su interés por Lalita,
pero ella no ve nada en alguien tan aburrido y
prepotente como él y opta por enamorarse de un
trotamundos que no será lo que parece. Odio, malos
entendidos, conversaciones a medias, terceras
personas y enfrentamientos que sólo pueden acabar
de una manera.
Lo
que en un principio podría ser sólo un culebrón
más, que podría pasar sin pena ni gloria
relegado a una tarde de videoclub, se convierte
en un producto divertido gracias al toque musical.
La risa de lo absurdo se convierte así en su mayor
tirón comercial. En la India, probablemente estén
acostumbrados a ello, pero a nosotros este tipo
de productos nos provocan la carcajada y en eso
se basa su éxito. Imagínense la escena más pastelosa
de toda la cinta. Paseo romántico por la playa,
cogidos de la mano... Si a esto le ponemos una
canción acorde al momento, el nivel de azúcar
nos subiría hasta más no poder. Pero, si por el
contrario, colocamos a un coro de gospel en medio
de la arena, la cosa cambia. El resultado queda,
cuanto menos, pintoresco.
De las actuaciones poco se puede decir. Los protagonistas
son guapos y afortunados por ello. Merece la pena
felicitar a la madre de la chica (Nadira Babbar),
porque consigue agobiar incluso al espectador
con su obsesión por las bodas. Y otro que destaca
entre tanta belleza de la tierra es el repulsivo
Mister Kholi (Nitin Ganatra), un
hindú que hizo fortuna en América y que vuelve
a su antigua ciudad para encontrar esposa entre
la familia Bakshi. Asquito da verle comer, oírle
reírse, presumir y como viste. Todo un personaje
que físicamente sería como un Ricardo Darín
moreno y en comportamiento un Mister Bean aún
más grimoso que el original.
Y
así es Bodas y Prejuicios. Una buena película
para evadirnos de los problemas diarios y soñar
con el príncipe azul o la princesa rosa. Eso sí,
para ello hemos de estar dispuestos a soportar
los números musicales que en algunos momentos
pueden llegar a hacerse un poco pesados, pero
que no por eso dejan de ser el perejil de la salsa.
Por cierto, dicen que se trata de una peculiar
visión del libro Orgullo y Perjuicio. Es posible.
Los personajes hacen gala de su orgullo y de sus
prejuicios. ¡Ah! Y también hay un señor Darcy.
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