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Pe en el desierto
Sahara
Dirección: Breck Eisner
Intérpretes: Matthew McConaughey,
Steve Zahn, Penélope Cruz, Lambert Wilson, Glynn
Turman, Delroy Lindo, William H. Macy, Rainn Wilson,
Lennie James, Clint Dyer.
Mirentxu MARIÑO (Madrid)
Penélope
Cruz está ahora en esa fase testadora que
le lleva a embarcarse en proyectos distintos de
caracteres casi opuestos. Inmersa en esta vorágine
hollywoodiense nos trae una de aventuras
junto al actor 'guadiana' Matthew McConaughey.
Con la arena como decorado natural y un supuesto
trasfondo social metido con calzador, con la OMS
de por medio, el director Breck Eisner
intenta construir como puede un moderno remedo
de Indiana Jones. Por supuesto, no lo consigue.
La trama es bastante sencilla. Un cazatesoros
parte en busca de un barco hundido durante la
Guerra de Secesión de EEUU que cree localizar
en África, en pleno desierto del Sáhara. Él, Dirk
Pitt, guapo, cachas y bastante rebelde, hará
de ésta su cruzada personal e implicará a su amigo
y compañero Al Giordino (Steve Zahn).
Todo, claro está, muy a pesar del más que paciente
jefe de ambos, el almirante Sandecker y
jefe de la Agencia Nacional Submarina (NUMA),
que encarna con gracia William H. Macy (Fargo).
En el camino se toparán con la doctora Eva
Rojas (Cruz), una médico concienciada con
la obsesión de descubrir el foco de una epidemia
que asola la zona.
Lo demás, caciques locales, magnates norteamericanos,
tuaregs oprimidos y hasta la CIA (cómo
no). Todo un conglomerado previsible que a ratos
resulta entretenido y que no pasa de ser más que
un film con gancho que persigue recaudar
cuanto más dinero mejor. No es ésta una crítica
despectiva, ni mucho menos, ya que las películas
de este tipo son bastante agradecidas por el público.
Cumplen su función, que no es poco. Su problema
es que les suele quedar mucho para ponerse a la
altura de ciertos antecedentes cinematográficos.
Sean de piratas, de aventureros o tipo McGyver.
Y de eso tienen buena parte de culpa los dos protagonistas.
Soso él, sosa ella. No es necesario aportar profundidad
a un personaje que va a recibir tiros o a escapar
de explosiones inacabables, lo cual no es óbice
para que, en conjunto, éste resulte más o menos
creíble o para que, por lo menos, se note que
el actor o actriz de turno participan gustosamente
en el juego. Bruce Willis lo hace. En este
caso, Cruz y McConaughey podrían estar interpretando
a dos abogados del Manhattan profundo y tendrían
la misma expresión en la cara. No muestran siquiera
un ápice de complicidad mutua.
Sus carencias las suplen con buen hacer los secundarios.
Son los que aportan la 'salsa' en los momentos
más divertidos, que los hay. Pero también hay
que decir que lo tienen bastante fácil:
primero, porque son buenos (en especial, Zah y
Macy); segundo, porque el guión se presta
a ello (hay que rellenar como sea); y tercero
porque el 'malo' de la historia deja mucho que
desear por, digamos, blando. No contrarresta suficientemente
el peso específico del bando contrario
y queda bastante desdibujado. Así no hay
quien cree emoción. Casi podríamos
decir que los paisajes y las carreras por las
dunas son lo mejor del largometraje, 'fantasmadas'
incluidas.
En fin, cine de palomitas protagonizado por una
española que recomendamos ver, encarecidamente
y contra nuestros principios, en versión
doblada. Total, ya que es un producto comercial,
disfrutémoslo de la manera más fácil
posible. Para no pensar.
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