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Habana connection
Hormigas en la boca
Dirección: Mariano Barroso
Intérpretes: Eduard Fernández, Ariadna
Gil, Jorge Perugorría, José Luis Gómez, Samuel
Claxton.
Mirentxu MARIÑO (Madrid)
Con
el reflejo del más puro cine negro de los cincuenta,
Mariano Barroso nos lleva hasta Cuba de
la mano de un republicano español, recién salido
de la cárcel, en busca de su amada desaparecida
diez años atrás después de un millonario golpe.
El guión, basado en un libro del propio hermano
del director, palpa la crudeza de una época en
la que, para algunos, sobrevivir era casi lo más
importante. Bajo una capa rosada de encanto mágico
y habaneras omnipresentes, la sordidez y la miseria
humana subyacen alimentadas por el dinero y las
ansias de poder. Y todo bajo la sombra de los
cambios políticos y la inminente Revolución.
Las calles de La Habana de Batista y el savoir
faire de su alta sociedad pertrechada en su
mayoría por ricos, militares y gansters déspotas
en sus últimos momentos de plenitud, introducen
de repente al desorientado Martín (Eduard
Fernández) en una pesadilla con oscuros recovecos
sentimentales. Allí encontrará amigos y enemigos
por igual y se dará cuenta de que no todo es lo
que parece. El principal responsable de su continua
agonía será Freddy (Jorge Perugorría),
un senador corrupto, controlador y cruel, 'dueño'
de media ciudad, con el que se topará irremediablemente
en la inteminable búsqueda de Julia
(Ariadna Gil).
La película está rodada en la misma capital y
cuenta con la impecable filigrana de un Javier
Aguirresarobe que no hace sino mejorar en
cada trabajo que realiza. La ambientación es fantástica,
y caben destacar los aciertos con el vestuario,
los coches antiguos, las fiestas e incluso toda
la pléyade de extras. La flaqueza, quizá, radique
en la trama, inconclusa a la manera de la irrepetible
Casablanca y poco clara en algunos aspectos,
como en las razones que llevan a Julia a
terminar donde termina. Así, es posible que el
espectador no llegue a saber nunca cuál es la
verdadera historia del film. Da la impresión
de que todos los secretos de la misma se los quedan,
avariciosos, los personajes.
Sin embargo, el excelente esfuerzo de todos los
actores, en especial del trío protagonista pero
también el de José Luis Gómez (Dalmau)
y Samuel Claxton (Despanier), desborda
todas las previsiones. Fernández está magnífico,
sobre todo a la hora de introducir esas pinceladas
de frivolidad socarrona en los peores momentos.
Muy al estilo del humor cubano, hacer gracia de
la desgracia, también practicado por algunos secundarios
aunque con menor fortuna. Borda además ese carácter
inestable que le hunde en un pozo sin fondo hasta
que por fin reacciona, pero nunca mostrando fortaleza,
todo desde la máxima debilidad.
Perugorría, polifacético como él solo, también
rezuma credibilidad. Da bastante miedo como 'jefe'
mafioso y se cree absolutamente su papel. Por
último, Gil; su fuerte son los ojos, aunque debería
ser un poco más expresiva, porque hay veces que
no llega a transmitir si está alegre o triste,
es demasiado intimista actuando, la verdad. En
cualquier caso, el resultado global es más que
bueno.
A ratos, el clima enrarecido de la imagen asemeja
a un sueño, aderezado éste con flash
backs bien colocados. La banda sonora hace
el resto. Saldrán ustedes del cine con
ciertas ganas de bailar, aunque aún más
con interés por echarle un ojo al libro...
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