Obligando a escuchar

Heroína
Director: Gerardo Herrero
Intérpretes: Adriana Ozores, Javier Pereira, Carlos Blanco, María Bouzas

María José ARIAS (Madrid)

Gerardo Herrero
ha elegido un drama social para regresar a las pantallas. Con Heroína, el director de El principio de Arquímedes retrata la vida de un grupo de madres gallegas que en la década de los 80 decidieron plantar cara a los narcotraficantes para salvar la vida de sus hijos. La palabra es la única forma que tienen de combatir, tanto a los narcos como a sus cómplices, estas mujeres que hicieron de la lucha contra la droga y la reinserción de los drogodependientes su leiv motiv para seguir levantándose cada mañana.

Gracias a un reparto sólido y bien elegido, Heroína da una sensación de unidad documental y realismo que pone los pelos de punta. Sin caer en el morbo, pero sin dejar de contar lo que realmente merece la pena ser contado, Gerardo Herrero consigue una instantánea cargada de sensibilidad, fuerza y mensaje.

La siempre acertada Adriana Ozores (Pilar) es esa madre coraje que tras descubrir por casualidad, como suele suceder en estos casos, que su hijo es adicto en lugar de esconderse tras una máscara, una vez superada la vergüenza inicial, decide tratarle como a un enfermo. Dando bandazos de un lugar a otro y apoyada por su marido, Pilar cierra la tienda de la que era dueña para consagrarse a la lucha activa contra los narcotraficantes y a la asociación que un grupo de madres han formado para la reinserción de toxicómanos.

La fuerza transmitida por Adriana Ozores a su personaje se contagia al resto de protagonistas de esta historia. Saliendo y entrando de la cárcel, sus hijos aprenderán a valorar el esfuerzo que sus padres hacen para poder salir adelante, aunque en según que casos esta conciencia de lo que está pasando a su alrededor sea sólo un momento pasajero de lucidez.

Sin duda, lo mejor es la actuación tanto de la protagonista, de sobrada solvencia delante de las cámaras, como de los secundarios. Javier Pereira interpreta a Fito, el hijo drogadicto de Pilar. A pesar de que su rostro es conocido por apariciones como el 'panoli' de turno de las típicas series juveniles, lo que nos obliga a observarle con ciertas reticencias, firma un trabajo aceptable y sobre todo muy creíble. Mención especial merece también la otra madre de esta realidad: María Bouzas (Fina), mujer de un marino mercante cuyos tres hijos son adictos.

Con una resolución sin más aderezos que los escasos temas musicales muy bien traídos, Heroína se plantea como un viaje desde dos puntos de vista enfrentados que quizá en algún punto lleguen a converger por el bien de las partes implicadas. Dejando a un lado el factor político de esta historia real, Gerardo Herrero centra el objetivo de la cámara en mostrar la evolución de lo que comienza como un jugueteo con las drogas y que acaba siendo un infierno personal en el que Fito, sin quererlo, implica a su madre. Una mujer dispuesta a dejarse la piel por sacar adelante a su hijo, quiera éste o no, que tendrá que reservar parte de sus fuerzas para mantener unida a una familia que se desmorona poco a poco.

El único pero que puede sacársele a esta película, de una factura casi perfecta, es el alargamiento excesivo de la última parte. Caracterizándose, entre otras cosas, por lo acertado de las elipsis temporales, el desenlace resulta excesivamente largo, cayendo en un estiramiento artificial con escenas que bien podrían haberse suprimido sin mayor repercusión en la comprensión de lo que se cuenta. Un único apunte para demostar que la perfección no existe.