La espada y la cruz

El reino de los cielos
Director: Ridley Scott
Intérpretes: Orlando Bloom, Lian Neeson, Jeremy Irons, Eva Green

María José ARIAS (Madrid)

Nos encontramos en la Francia de finales del siglo XII. Balian (Orlando Bloom) es un herrero que acaba de perder a su adorada esposa, quien se suicidó al no poder superar la muerte de su hijo. Balian vive en una pequeña aldea francesa ajeno a la existencia de un padre que no conoció hasta que éste, Godofredo de Ibelin (Lian Neeson), decide ir en su busca para embarcarle en las cruzadas. Así comienza la historia de El reino de los cielos, la última superproducción de Hollywood que nos brinda Ridley Scott. Siguiendo la estética marcada por Gladiador, Scott continúa en la senda de los sentimientos heroicos y de lealtad hacia su propia persona, El reino de los cielos es una especie de homenaje al trabajo en equipo.

Balian acaba de perder todo lo que tenía y, para redimirse de sus pecados y de los de su mujer, se une a su recién conocido padre para cristianizar el mundo. Con la lucha entre religiones como telón de fondo, el director pretende mostrarnos a un personaje fiel a sus sentimientos y a sus ideales, que intenta salir adelante sin traicionar ni a los suyos ni a sí mismo. Una difícil tarea en la que contará con la ayuda de algunos y las zancadillas de otros muchos.

El contexto histórico ayuda a la épica del personaje de Orlando Bloom, que sale airoso de su papel de héroe. Ayuda el hecho de que su mayor esfuerzo interpretativo sea el físico, ya que se pasa las más de dos horas de la película espada en mano. En cuanto al resto del reparto, merece la pena destacar al siempre acertado Jeremy Irons, a quien siempre se le agradece su aparición en pantalla para darle algo más de consistencia a una escena.

La segunda protagonista de esta historia es la ciudad de Jerusalén, por cuyo control lucharán desesperadamente cristianos y sarracenos. Sin olvidar, también, el continuo tira y afloja mantenido por los cruzados y los templarios acerca de los mandatos divinos. De un lado quienes justifican cada una de sus atroces acciones por ser la voluntad de Dios. Nos referimos a los templarios, claro está. Y por el otro los cruzados, quienes para ellos la religión es su motor, pero sin dejar de cuestionarse las cosas.

Anecdótica resulta la aparición de Eva Green, como la princesa Sibylla, una bella y misteriosa mujer que pasa sin pena ni gloria por la pantalla. Sin duda, el único personaje femenino de esta historia podría haber sido explotado un poco más.

Lo mejor es, con diferencia, las luchas a espada entre sarracenos y cristianos. La batalla final, que recuerda a la memorable defensa del abismo de Helm en Las dos torres, es una muestra más de que este director sabe lo que se trae entre manos con este tipo de películas, en las que la espectacularidad, ayudada siempre por la técnica amiga, debe ser el ingrediente principal.

El reino de los cielos es una película que consigue su objetivo: entretener. Sin aspirar a ser recordada por su profundidad, sus interpretaciones o su mensaje, nos presenta una historia atractiva, aunque común (se parece mucho a la de aquel oscarizado gladiador), que hace que pasemos un rato agradable en la butaca del cine.

P.D.: Sería recomendable que una parte del presupuesto se dedicase a la documentación, ya que algún avispado espectador puede dejar en evidencia al equipo por sus errores históricos.