Omagh

Omagh
Dirección: Pete Travis
Intérpretes: Gerard McSorley, Michele Forbes, Brenda Fricker, Stuart Graham, Peter Balance, Pauline Hutton, Fiona Glascott.

Mirentxu MARIÑO (Madrid)

Hacer una película sobre el atentado de Omagh no era nada fácil, dicen sus creadores. Pues verla tampoco lo es. Recuerda demasiado al 11-M y a la actual situación por la que pasa el conflicto con ETA en nuestro país. Pero no pretendo hacer política, que para eso ya está la no ficción, si bien Pete Travis sí se adentra en este terreno espinoso, aunque partiendo de un feroz alegato en favor de las víctimas de aquella bomba.

Todas ellas, se ven personalizadas en la figura real de Michael Gallagher (Gerard McSorley), padre de uno de los chicos que murió en Irlanda del Norte aquel 15 de agosto de 1998. Tras la masacre, que acabó con la vida de 31 personas, él se convirtió en portavoz e incansable líder del Grupo de apoyo y Autoayuda de los afectados, llevando sus demandas y su dolor a las últimas consecuencias en busca de un por qué. Y así lo refleja, de principio a fin, este sentido film.

El comienzo es espectacular, por lo escalofriante de los planos y por la secuencia de imágenes que conforman la preparación minuciosa del atentado. Esa cámara metida dentro del coche que da cuenta de la mirada de los propios terroristas da verdadero pavor. Además, la recreación del ambiente de calma tensa que esos días vivieron de forma intensa las dos irlandas, provocado en gran medida por la firma del Acuerdo de Paz de Viernes Santo, está muy bien captado, resulta muy veraz.

Y llega el primer punto de inflexión. La explosión. Con ella se rompe la continuidad narrativa y se da pie a otro tempo, también con mucho plano corto pero con la sensación de una cámara lenta, como si el espectador apreciara las escenas desde el punto de vista del protagonista. Ayuda, y bastante, la forma en la que está todo filmado. Podría haberse hecho sin mayor problema un documental, aunque para el director, presumo, era importante recrear ciertos pasajes de los hechos.

La estructura del guión, premiado en el último Festival de San Sebastián, es cronológica y está dividida en tres partes diferenciadas expresamente en pantalla. Para los demás lapsus temporales, se utilizan los fundidos en negro, un recurso poco visto últimamente. Lo demás, la historia en sí, es bien conocida, así que no la desgranaré. Lo único que me gustaría destacar el 'repaso' que se les da, entre otros, a Tony Blair, a Gerry Adams y a la Policía. Eso sí, a pesar de la incompetencia o el interés creado y reflejado a través de dichas personas, se deja claro en todo momento quienes fueron los verdaderos y únicos culpables.

El peso interpretativo recae en McSorley, que está absolutamente genial. Ya intervino en Bloody Sunday o en En el nombre del Padre, producciones de la misma temática y clásicos ya de la filmografía irlandesa. No llora, no grita, no se explaya porque guarda dentro de sí una tristeza contenida que, sin embargo, sí es manifiesta en los personajes de su alrededor. Quédense con esa cara de incrédulo constante y tenaz escrutador de la verdad, les hará pensar. Su familia y compañeros le arropan con solventes papeles, todos aportan algo, por pequeño que sea.

En fin, vayan preparados al cine, pero no dejen de verla.