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Un retiro manido
e inconcluso
El Internado
Director: Pascal Laugier
Intérpretes: Cirginie Ledoyen, Lou Doillon
María José ARIAS (Madrid)
Un
orfanato prácticamente abandonado, un misterio
por resolver, una chica mona torturada y una loca
no tan loca son los elementos de El Internado,
la nueva película del director de El Pacto
de los Lobos que pretende dar miedo y, claro
está, no lo consigue. Se trata de la enésima historia
de caserón abandonado con voces y ruidos extraños.
Pero ante todo, El Internado es una trama
mal resuelta. Por momentos, sobre todo los iniciales,
logramos meternos en los eternos pasillos del
cochambroso edificio, pero pronto nuestra atención
se concentra en que los minutos del reloj pasan
demasiado parecen horas.
Anna (Virginia Ledoyen) es una joven
agraciada físicamente que llega a Saint Ange para
limpiar el orfanato una vez que éste ha quedado
vacío de niños. En la inmensa mansión sólo quedan
dos personas. Una señora mayor, encargada también
de las tareas domésticas, y una joven huérfana
algo trastornada de la cabeza, Judith (Lou
Doillon). Pero dos grandes secretos se esconcen
tras las cochambrosas puertas. Uno que afecta
a Anna, huyendo de un turbio pasado que la persigue
incluso hasta este paraje perdido de los Alpes
franceses. El otro es el propio internado en sí.
El secreto de la chica se descubre pronto. El
otro poco tarda en salir a la luz. Ruidos, situaciones
complicadas difíciles de explicar para la razón,
voces que susurran tras los muros y expedientes
de niños que nunca debieron ser encontrados ponen
en alertar a Anna. Eso, y una advertencia: "Cuidado
con los niños que dan miedo".
El
aislamiento del lugar y lo tétrico del paisaje
ayudan a propiciar una atmósfera de misterio que
derrumban los actores. Justo esto, la actuación
es lo que falla en El Internado. Películas con
este argumento hemos visto muchas, quizá demasiadas,
y la mayoría de ellas muy malas. El objetivo de
una historia de misterio o miedo es conseguir
que el espectador logre experimentarlo, pero en
este caso no se logra ninguna de las dos cosas.
Y no porque falle el planteamiento, que está muy
bien y engancha hasta que aparece en escena la
protagonista. Entonces nos damos cuenta que nuestras
ilusiones sobre la película son puro humo y que
un golpe de aire acaba de llevar.
El argumento de El Resplandor o de Los
Otros no distaba mucho del propuesto por Pascal
Laugier, pero estos dos ejemplos contaban
con un pilar básico: los actores. En ellos hay
pocos actores, pero lo suficientemente solventes
y capacitados como para sacar adelante con acierto
un argumento manido. En El Internado eso
es lo que hace precisamente que se caiga la película,
bueno, eso y un final incomprensible que deja
al espectador con más preguntas que respuestas
sobre lo absurdo del desenlace.
Ledoyen
interpreta a una chica buena, por momentos mala,
que no llega a cuajar. Como el personaje de la
huérfana loca. En ningún momento se nos aclara
que fue lo que le produjo ese estado de confusión
entre la realidad y la imaginación que no le ha
dejado madurar condenándola a una infancia perpetua.
Demasiadas incógnitas no buscadas para una película
que no merece la pena ver. Incluso planteárselas
es una pérdida de tiempo.
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