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El lado maligno de
los extraterrestres
War of the world
Director: Steven Spielberg
Intérpretes: Tom Cruise, Dakota Fanning
María José ARIAS (Madrid)
Está
claro. Todo lo que toca Steven Spielberg se
convierte en oro. Y no es de extrañar después
de haber visto La guerra de los mundos.
La película está bien si uno es consciente de
lo que se va a encontrar. Para enfrentarse a una
historia de este tipo se necesita predisposición.
La mente abierta a cualquier cosa, olvidar las
leyes científicas, si se conocen, y estar dispuesto
a creerse todo lo que se nos quiera contar, por
muy inverosímil que pueda parecernos. Yendo así,
se disfrutará de una historia bien contada, aunque
con un final made in Hollywood, que diría Allen,
que te deja con un regusto amargo, pero convencido
de haber pasado dos horas entretenido.
La historia es conocida. Una horda de alienígenas
montada en máquinas de tres patas y tecnológicamente
más avanzada invade la Tierra. Invasión que se
convertirá en toda una lucha por la supervivencia
enfocada desde el punto de vista de una familia
típicamente americana que intenta mantenerse unida
a pesar de las catástrofes, tanto externas como
íntimas, que se suceden una tras otra. Un continuo
sufrir de los protagonistas que logra traspasar
la pantalla y remueve al espectador en su butaca.
Tom
Cruise es un padre divorciado, Ray,
con un hijo adolescente que no le soporta y una
niña pequeña claustrofóbica con unos pulmones
hechos para gritar (Dakota Fanning). Ray
va por libre, pero sus prioridades cambiarán cuando
justo el fin de semana que le toca cuidar de sus
vástagos lo que parecen ser sólo unas tormentas
eléctricas impresionantes acaban por convertirse
en una lucha encarnizada entre extraterrestres
y humanos.
En una película de estas características, en la
que los efectos especiales son los principales
protagonistas de la historia, es difícil que las
actuaciones de los seres de carne y hueso destaquen.
Sin embargo, resulta sorprendente la capacidad
que la joven Dakota Fanning, la niña de Yo
soy Sam y de El escondite, tiene para
comerse la cámara y robar protagonismo incluso
al propio Cruise, que hace de… Bueno, de Cruise.
Aparece también el alternativo Tim Robbins,
en el papel de un hombre atrincherado en su sótano
tras perder la razón con la muerte de toda su
familia y que pondrá al límite a Ray. Impecable.
El resto de protagonistas, los alienígenas,
están bastante conseguidos. No son ET,
pero se dan un aire. Algo más encorvados y sin
tanto encanto como aquel que nos enterneció en
nuestra infancia y aún hoy sigue haciéndolo. Al
menos, y eso es de agradecer, no son los típicos
bichos verdes a los que se nos tiene acostumbrados,
ni los alienígenas de Señales. Si nunca
se ha visto un extraterrestre, en caso de que
existan, no se puede decir que sean realistas
estas recreaciones, pero, al menos, convencen.
Spielberg
es Spielberg y, te gusté más o menos, lo que no
se le puede negar es que es un gran director.
Sólo porque a él le debemos los míticos ET e
Indiana Jones, ya se merece un respeto. Lo
suyo son las películas comerciales, pero cada
una tiene su pequeño trasfondo que arañando un
poco nos da que pensar o al menos nos hace pasar
un buen rato.
Nos encontramos ante una fantasía cubierta de
algo de realismo que estudia el comportamiento
del ser humano en las situaciones más extrañas
y extremas. Una lucha por la supervivencia que
nos obliga, casi sin darnos cuenta, a preguntarnos
que haríamos en una situación como ésta. ¿Luchar
o rendirse? ¿Cuidar de uno mismo o mirar por el
vecino? ¿Dónde ir? ¿Qué llevar? ¿Con quién pasar
las últimas horas?
Los orígenes de la invasión
El
origen de esta historia data de 1898, cuando se
publicó la obra homónima de un genio de la literatura
de ciencia-ficción, H.G. Wells, autor también
de El Hombre Invisible y La Máquina
del tiempo, que tanto juego han dado en la
pantalla grande. La guerra de los mundos dio origen
también a uno de los episodios de comunicación
de masas más estudiados en las facultades de periodismo
y comunicación. Aquel que en 1938 sembró el pánico
e hizo a miles de estadounidenses lanzarse a la
calle cuando escucharon la representación teatral
de Orson Welles a través de los micrófonos.
Quienes hayan leído la novela tendrán que tener
en cuenta que ésta se escribió hace más de un
siglo y que la historia que nos cuenta Spielberg
transcurre en nuestros días. Lo digo por avisar
de aquello de las licencias cinematográficas que
tanto suelen decepcionar y que aquí también las
hay.
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