Tener poderes mola

Fantastic Four
Directoras: Tim Story
Intérpretes: Ioan Gruffudd, Jessica Alba, Michael Chiklis, Chris Evans

María José ARIAS (Madrid)

Ser diferente puede llegar a molar y tener superpoderes ni le cuento. Ya sea por la picadura de una araña modificada genéticamente o porque te arrolle una tormenta cósmica en el espacio, pasar de ser un cualquiera a un tipo importante cambia a cualquier hijo de vecino. Lo segundo es lo que les pasa a Los 4 fantásticos cuando viajan fuera de la atmósfera terrestre en busca de respuestas sobre la modificación del ADN con fines terapéuticos. Sin embargo, en lugar de descubrir avances para la medicina, lo que les ocurre es que cada uno de ellos sufre unas modificaciones físicas que les otorgan habilidades algo extrañas. Este es el argumento de la nueva adaptación de un cómic de la Marvel para el cine. Una película entretenida, para pasar un buen rato y disfrutar de las vacaciones sin dar demasiado trabajo al cerebro.

Stan Lee, padre del héroe más pardillo del planeta (Spiderman, claro), creó en 1961 y junto con Jack Kirby esta serie de personajes no tan famosos como su hermanastro, pero que seguro que a partir de ahora se convertirán en ídolos de los más pequeños. El Doctor Reed Richards (Ioan Gruffudd) es un científico con unas facturas que pagar y con la obstinada idea de viajar al espacio en busca de una tormenta cósmica similar a la que provocó la evolución del ser humano. Pero los cálculos fallan y la tormenta les alcanza de lleno provocando la modificación del ADN de los cinco ocupantes de la nave.

El cuerpo de Reed adquiere la habilidad de estirarse al antojo de su ocupante. Su mejor amigo, Ben Grimm (Michael Chiklis) se convierte en La Cosa, un ser de piedra, con una fuerza descomunal y agobiado por su aspecto y el rechazo de su esposa. Sue Storm (Jessica Alba), antigua novia de Reed, es ahora La Chica Invisible. El cuarto miembro del fantástico grupo es el hermano menor de la chica, Johnny, un rebelde descontrolado que disfruta con su condición de Antorcha Humana y su recién adquirida capacidad para volar. El que pone la pasta para la misión, Von Doom, antiguo compañero de facultad de Reed y actual novio de Sue, asimila un peculiar poder que le convierte en una especia de central eléctrica ambulante de metal. Se autobautiza como El Doctor Muerte. Ver para creer.

Esto es todo. La historia ni da para más, ni falta que le hace. Las máximas aspiraciones del proyecto son entretener y lo consigue, que ya es suficiente. Los diálogos algo infantiles contribuyen a la relajación ante la pantalla, ya que no requiere una atención extrema para no perder detalle. El final también es previsible, como no, y queda abierto a una segunda parte, dependiendo, claro está, de los resultados en taquilla.

Dentro de lo fantástico e imaginativo del argumento, el director Tim Store parece pretender ser lo más realista y creíble posible. Son continuas las referencias científicas, no en vano los protagonistas son del ramo, para justificar sus actuaciones y las reacciones a sus poderes. Con unos conocimientos básicos el espectador puede corroborar que lo que cuentan es cierto, pero sólo en el aspecto químico, porque la física se la salta a la torera y según lo requiera un guión. No es un fallo, sólo un apunte, porque en las películas de superhéroes todo está permitido.