Pasada de frenada

Herbie. Fully Loaded
Directoras: Angela Robinson
Intérpretes: Lindsay Lohan, Justin Long, Breckin Meyer, Matt Dillon, Michael Keaton

Mirentxu MARIÑO (Madrid)

No llega a saberse cuán mediocre resulta una película hasta que una (o uno) la testa con sus propios ojos. Dicho así no parece muy alentador, pero es que cuando a la factoría Disney se le mete entre ceja y ceja vender uno de sus productos supuestamente y principalmente para niños, aunque muy por debajo del nivel intelectual de los mismos, no es posible responder de otra manera. Y del público adulto ya ni hablo. Herbie, el coche con vida propia más famoso de los sesenta por sus simpáticas andanzas, es ahora objeto de una de las relecturas cinematográficas más tremendas de los últimos años: Herbie: A tope. No tiene desperdicio.

En esta ocasión, el adorable 'escarabajo' es rescatado del desguace para ser transformado en coche de carreras, motivo suficiente por el que las aventuras y desventuras del 'cuatro ruedas' darán mucho de sí. La culpable es Maggie Peyton (la adolescente anuncio y muy televisiva Lindsay Lohan), hermana, hija y nieta de pilotos profesionales y relegada a la vida universitaria y laboral por ser chica. Hay que ver. Su padre, Ray Peyton (un irreconocible y soso Michel Keaton), tiene una escudería que sobrevive como puede y centra todas sus esperanzas en el primogénito Ray jr. (Breckin Meyer). Su mujer murió y por esa razón no quiere que Maggie siga la profesión familiar, por si llega a perderla algún día.

Estos, por supuesto, no son los únicos clichés del film, el cual sigue un patrón tan exacto que se podría escribir su guión al tiempo que se visiona. Es previsible hasta las últimas consecuencias. Ni que decir tiene que Maggie se hace pasar por un chico para poder correr y que su rival directo es el 'chulo más chulo' del barrio, Trip Murphy, ni más ni menos que Matt Dillon haciendo de Matt Dillon, algo que se le da pero que muy bien. El único apoyo a la intrépida piloto vendrá de la mano de Kevin (Justin Long), un amigo de la infancia del que acabará enamorada perdida. Moraleja: la amistad, el amor fraternal y el afán de superación son los valores a transmitir a quien nos rodea. Disney en estado puro.

Aparte de los fallos de guión y de estructura, el inconveniente más importante que se le puede achacar a Herbie: A tope es que resulta demasiado local. Es decir, que está excesivamente ambientada en el Estados Unidos profundo (aunque qué largometraje no lo está hoy día), haciendo de sus ejes imprescindibles el NASCAR (National Association for Stock Car Racing) y todo lo que rodea a ese mundillo, e incluso la 'american way of life', en la que el regalo de graduación en el colegio es un coche, los adolescentes se trasladan a otro estado para ir a la universidad y se practican espectáculos de destroce de vehículos en espacios cerrados. Todo ello hace que el propio Volkswagen pase a un segundo plano en muchas secuencias cuando debería ser el protagonista absoluto. Las personas y sus circunstancias son más importantes que los coches, que quede claro.

El aderezo viene, por tanto, del lado visual. En este sentido, no dejaré sin alabar el comedimiento en los efectos especiales a la hora de animar a Herbie. El juego con las imágenes habría sido espectacular, aunque la película bien podría haber terminado haciéndole la competencia a 'La máscara 2', y no hubiera sido nada agradable. El objetivo es humanizar al 'escarabajo' y dejar que sus gestos valgan para captar la indulgencia del espectador. Y eso sí lo consigue. En cuanto a la ruptura de la pantalla en dos o más planos para rememorar la estética pop o lo de sobresaturar el color en algunas escenas, nada que objetar, aunque algo desentonan con el resto del metraje. Eso sí, lamentables las pasadas a cámara lenta a lo 'Armageddon', esas cosas ya no son necesarias.

La nostalgia de esas antiguas y 'bonitas' películas que antaño nos hacían reír y llorar (es un decir) es cada vez más acuciante cuando se ruedan cosas como esta. Por lo menos la banda sonora se deja escuchar, aunque para ello haya que atender al resto. El marketing y el afán de los padres por llevar a sus hijos al cine será lo que salve este producto, concebido para relanzar a Lohan y, seguramente, como transición a algo más decente. Mientras tanto, y si se quiere apostar por lo infantil, recomiendo Madagascar, divertirá a los más pequeños mientras los mayores disfrutan de su alto contenido en guiños a otras producciones. A pasarlo bien.