El recorrido del ser

The Island
Directoras: Michael Bay
Intérpretes: Ewan McGregor, Scarlett Johansson

María José ARIAS (Madrid)

¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Qué demonios hago aquí? Preguntas que cada uno de nosotros nos hemos hecho en algún momento de nuestra vida y que se recogen en el compacto trabajo de Michael Bay en La Isla. Una película teóricamente comercial y de ciencia ficción que va mucho más allá de los meros efectos especiales y el impacto audiovisual. Dos lecturas tan válidas la una como la otra que dejan en manos del espectador decidir con cuál de ellas se queda. Por un lado, la fantasía de un futuro en el que estará permitido y se podrá clonar seres humanos. Por otro, el sentido filosófico y existencial del hecho en sí: plantearse si es ético crear seres vivos cuyo fin es morir.

Con una factura técnica perfecta, La Isla nos coloca en un supuesto mundo contaminado en el que los seres humanos se ven obligados a vivir confinados en unas instalaciones esterilizadas, con el blanco como color predominante y sin que la luz del contaminado sol llegue a darles nunca. Divididos en varios sectores y niveles, a sus habitantes les está prohibido salir de su reducido espacio. Normas estrictas que les prohiben el contacto y acercamiento con el mundo exterior y con las personas del género opuesto.

En un ambiente estéril y controlado hasta el más mínimo detalle, la única esperanza de estos supervivientes de la contaminación es ganar la lotería y ser elegidos para repoblar la Isla, un lugar paradisíaco en el que podrán ser felices para siempre. Pero, algo chirría. Sólo Lincoln 6 Ecco (Ewan McGregor) parece darse cuenta. Se cuestiona las cosas y su impulsivo inconformismo le llevará a descubrir que en realidad son clones. Entonces iniciará una agotadora huida, en la que acompañado por Jordan (Scarlett Johansson) buscará su verdad. Una lucha por sobrevivir en la que no pueden fiarse de nadie y a la que se enfrenta con la inocencia de quien sólo ha vivido tres años confinado en un centro alejado de cualquier realidad.

Michael Bay logra un producto muy coherente y cargado de significado. Nos presenta a los clones de seres humanos como la vía para la salvación de sus patrones, pero también como el seguro de vida de aquellos adinerados y poderosos que no quieren dejar de disfrutar de los placeres del mundo terrenal. Los clones de La Isla no son sólo réplicas de personas, son personas en sí mismas. Tienen sus propios sentimientos, sentido de la individualidad y conocimientos autónomos fuera de lo que sus células de origen les proporcionaron. Sufren con el dolor, sueñan y se enamoran.

McGregor logra darle al personaje una consistencia envidiable. Con esa rebeldía que le caracteriza y el aplomo delante de la cámara de quien se sabe querido por ella, roba el protagonismo que Johansson tiene. La chica es el empujón que Lincoln recibe para indagar con más ahínco y descubrir la trama que el director del centro tiene tejida en torno a sus vidas. Ambos se convertirán en uno sólo en una huída desesperada por vivir.

Jordan es la chica que se deja llevar. En algunos momentos se le intenta dotar de un poco más de carácter y autonomía que su cara angelical no logra captar. Sin embargo, salvo en estos escasos accesos de heroína y en el odioso anuncio de la colonia que nos cuelan en pantalla, durante el resto de la película el personaje va evolucionando a cortos pasos buscando su propia identidad, que desapareció al chocar con la realidad de su existencia.

Una película en términos maniqueos en la que los malos son muy malos y los buenos muy buenos, aunque siempre hay lugar a la redención para aquellos que se arrepienten de sus errores pasados. Se agradece que no se intente aleccionar al espectador con dilemas morales sensibleros. Bay se 'limita', aunque a veces sea algo complicado, a presentarnos una posible realidad ante los avances de la ciencia. Evita decirnos si la clonación humana está bien o mal. Simplemente engancha este avance de la ciencia para plantear una situación que podría darse y que nos hace interrogarnos a nosotros mismo sobre ello, sin darnos una respuesta.

El mundo virtual al que se somete a los clones es técnicamente impecable. Un lugar aséptico en el que se intenta anular la personalidad con un uniforme color blanco hecho a medida. Un trabajo rutinario sin demasiado sentido y con pocas vías de escape. Controles físicos y mentales continuos para mantener bajo la mano del creador el 'producto'. Se recrea para la película una especie de campo de trabajo basado en el cuidado de cuerpo y mente en el que nada debe escaparse al 'ojo de todo lo ve'.

La música escasa nos traslada la sensación de agobio que los protagonistas padecen en su larga huída en busca de su propio camino. Sufrimos con ellos y nos ponemos en su lugar. Si ustedes tuviesen el dinero suficiente para ello y la ciencia lo permitiese, ¿contratarían la creación de un clon suyo para poder alargar su vida? Consúltenlo con la almohada.