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Psicología
de un asesinato
La noche del hermano
Director: Santiago García de Leániz
Intérpretes: Jan Cornet, Pablo Rivero, María
Vázquez, Joan Dalmau, Icíar Bollaín
y Luis Tosar.
Mirentxu MARIÑO (Madrid)
Una
decisión compleja: asimilar la muerte de unos
padres, salir del letargo emocional y poner a
las personas y a las cosas importantes en su sitio.
Ese es el argumento de La noche del Hermano.
Ese y casi ningún otro, porque Jaime, el
protagonista de lo que yo llamaría 'un cúmulo
de situaciones y circunstancias' y no 'historia',
se toma todo el tiempo del mundo para resolver
qué pinta él en medio de todo lo que le rodea.
Y para juzgar, asimismo, qué tiene en común con
un hermano asesino o con los extraños conocidos
que se proponen manejarle a su interés.
Se trata de una película extraña y algo plana
en cuanto a tensión emocional, contenida toda
ella en la figura de un adolescente que se mueve
más en el terreno psicológico que en el real,
y aunque no se haga aburrida sí resulta un poco
lenta. Una espera siempre más acción cuando le
ponen la miel en los labios, sobre todo si un
comienzo ágil y bien conseguido se mezcla a ratos
con el 'esto no es lo que parece'. Pero ya lo
venía diciendo el director, Santiago García
de Leániz, que "a menudo no son los hechos
en sí lo que más nos impresiona sino su puesta
en escena". Toda una declaración de principios
que, sin embargo, no llega a plasmarse del todo
en la pantalla. Le falta un punto Hitchcock,
no se.
Lo más interesante sin duda es la relación que
se establece entre los dos fratres. El
mayor, Alex (el televisivo Pablo Rivero),
encarna, diríamos, el mal. Muestra decisión, fortaleza
y superioridad, aunque con un punto flaco que
no reconocería ni en los peores momentos, que
es un cobarde. Al actor de Cuéntame no
le va nada mal el rol de duro, por cierto, y si
lo perfilase de aquí en adelante podría hasta
dar miedo. Ha sido, desde luego, una buena elección.
Por su lado, el pequeño, Jaime (Jan Cornet),
que parece acabar de nacer, o por lo menos así
se nos muestra, y pasa el tiempo que le observamos
sumido en un aparente shock derivado de
una repentina e inesperada asunción de responsabilidades,
las de él y las de toda su familia. La mirada
del novato Cornet cautiva, y mucho, aunque le
vendría bien un poco más de expresividad en próximos
trabajos. De momento, ahora, está excusado por
exigencias de guión.
Casi nada sabemos del pasado común de ambos chicos
pero sí nos damos cuenta de que la debilidad del
segundo le subyuga a los deseos y mandos del primero.
Y de que ambos no se conocen nada en absoluto.
A su alrededor, el pueblo y sus gentes, algunas
más cercanas que otras, y un abuelo que no espera
ya nada de la vida, interpretado con maestría
por Joan Dalmau. Pero al margen de la consabida
chica/novia, que ejerce un papel decisorio en
ciertas secuencias y que convulsiona el devenir
de la historia (perdón, del 'cúmulo de situaciones
y circunstancias'), la aportación de los demás
intervinientes resulta meramente testimonial,
incluyendo en el saco, y con gran aflicción por
mi parte, a Icíar Bollaín y Luis Tosar.
No acaba de entenderse la atmósfera que encierra
y envuelve al pequeño pueblo murciano donde se
desarrollan los hechos, aunque sí resulte inquietante
esa calma consensuada tras la tragedia. Es como
si todos hubieran aceptado el horror como algo
normal, fundiéndolo con la cotidianeidad. Son
reminiscencias de la España profunda. Sí se nota
en cambio la enorme presión que, de un modo u
otro, el espectador espera que estalle por alguna
parte. El guión plantea más preguntas que respuestas
ofrece y deja sin explicar ciertos aspectos que,
a mi juicio, el director ha considerado de forma
dudosa que son prescindibles. Todo se centra en
el presente, quizá para darle un cierto tono misterioso
al asunto y olvidarse del morbo, alternativa que
sin embargo se agradece.
En conjunto, a pesar de todas sus carencias, no
está mal planteado el largometraje, y la vuelta
de tuerca requerida es bastante satisfactoria
y no tan previsible como pudiéramos pensar. Algo
que invita desde luego a continuar por un camino
que queda seccionado en su momento más sugerente,
pero así es el cine. El montaje así como las localizaciones
son lo suficientemente sencillos y la canción
estrella de la película corre a cargo de 'Amaral',
un buen gancho musical. Algo diferente y sesudo
con firma nacional. Una rara avis, por
tanto, nada descartable para una noche
tranquila de verano.
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