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Aventuras espaciales
a lo Monty Python
The Hitchhiker's Guide to the Galaxy
Director: Garth Jennings
Intérpretes: Martin Freeman, Mos Def, Sam Rockwell,
John Malkovich, Zooey Deschanel, Bill Nighy, Stephen
Fry, Alan Rickman, Kelly Macdonald, Warwick Davis,
Steve Pemberton, Anna Chancellor, Dame Helen Mirren,
Thomas Lennon, Polly Jane Adams, Richard Griffiths,
Ian McNeice
Mirentxu MARIÑO (Madrid)
Tanta
guerra de galaxias y mundos demandaba urgentemente
una historia del espacio menos ortodoxa y por
ende delirante. Y ha llegado como agua de mayo
de la mano de los libros del ya desaparecido Douglas
Adams, con una curiosa reinvención de la creación
del Universo y de la existencia humana, por supuesto
compartida por otros seres iguales o más extraños
que nosotros.
La guía del autoestopista galáctico tiene
gancho y es bastante entretenida, sobre todo porque
se anima a plantear preguntas para las que casi
vale cualquier respuesta y porque se lanza a parodiar
cosas que a veces nos tomamos demasiado en serio.
Es filosofía aplicada con un deje extravagante.
Y no está nada mal, no en vano fue en su día todo
un fenómeno en el Reino Unido, con serial radiofónico
y hueco televisivo incluidos.
Partiendo de la tesis de que no estamos solos
en la Galaxia, una práctica guía que hace las
delicias de los viajeros interestelares y que
se erige por decreto en la verdadera protagonista
del film, llevará al espectador a través
de las aventuras que corre Arthur Dent (Martin
Freeman), que comienzan con el simple hecho
de una demolición, la de su casa y la de la propia
Tierra. El terrícola descubre un jueves por la
mañana que su mejor amigo Ford (Mos
Def) es extraterrestre y que el planeta va
a ser destruido para llevar a cabo la construcción
de una autopista hiperespacial (en Madrid pasará
un día de estos, ya verán). Lo único que le queda,
por tanto, es subirse a la primera nave a la vista
'haciendo dedo' y huir.
El guión es una mezcolanza de conceptos que tendría
sentido si no fuera porque retrata con asombrosa
perfección la realidad humana, que es extrapolada
para ser aplicada al mundo conocido y también
al desconocido. A saber: el presidente galáctico,
Zaphod Beeblebrox (Sam Rockwell)
es un tipo vanidoso, "estúpido" y con doble
personalidad; los encargados de velar por el sistema
son unos gruñones funcionarios que no saben trabajar
sin los formularios adecuados; uno de los gurús
espirituales más importantes, Humma Kavula
(John Malkovich), lidera una comunidad
religiosa que cree ciegamente en que su mundo
fue producto de un gran estornudo y esperan la
temida llegada del 'Gran pañuelo blanco'; hay
androides, como Marvin, con tendencias
suicidas; la toalla es el objeto más útil para
moverse por ahí, etc.
Por tanto, bofetada a la religión, a las administraciones,
a la inteligencia artificial y a la supuesta superioridad
de los habitantes terrestres, que nos creemos
únicos e inimitables, con ese humor británico
con el que Monty Python hizo verdaderas
maravillas. Y todo enlazado mediante la melodiosa
voz de Stephen Fry, que hace las veces
de narrador omnisciente dándole un cariz de fábula
al conjunto, aderezado por otro lado con pinceladas
de animación con afán pedagógico, que dan
forma al 'Trotamundos' en cuestión, y los consecuentes
y moderados efectos especiales. La estética está
muy cuidada y se burla un tanto de aquellas virguerías
digitales que nos inundan por doquier, contando
incluso en créditos con los creadores de los teleñecos,
algo más que un clásico a estas alturas. Un consejo:
no se pierdan el inicio ni tampoco el tag
final, dos regalos de Garth Jennings.
La suma de todos estos detalles aligera mucho
el devenir del largometraje, que acusa sin embargo
su duración, unas dos horas de travesía alrededor
de la "Improbabilidad infinita" y en busca
continua y demasiado reiterada de una contestación
satisfactoria a 'la gran duda': "La respuesta
a la vida, el universo y todo lo demás".
Buen slogan (y buena contestación). En
cuanto a los actores, no hay mucho que decir,
aunque no hay duda de que se lo han pasado bien.
Todos están correctos y en sus sitios teniendo
en cuenta que la mayoría debe sobrevivir a sus
papeles con muecas, y por ello, quizá, el robot
deprimido acabe siendo el que más simpatías atraiga
del respetable. Por lo demás, el rato agradable
no lo quita nadie y, sobre todo, como siempre
me casi toca decir, las ganas de echarle un vistazo
a las creaciones de Adams. No creo, por último
que ésta sea una película para niños, dada la
complejidad de los conceptos que maneja, pero
servirá para que por lo menos nosotros, los adultos,
sepamos de qué va la cosa...
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