El fracaso como forma de supervivencia

Wilby Wondelful
Director: Garth Jennings
Intérpretes: Maury Chaykin, Rebecca Jenkins, Sandra Oh, Ellen Page

María José ARIAS (Madrid)

Una ninfómana en busca del amor verdadero, un suicida que no se puede suicidar, una adolescente que despierta a la vida, un policía infiel, un pintor de brocha gorda, una ejecutiva agresiva adicta al móvil y un alcalde corrupto son los ingredientes de Wilby Wonderful, una película ambientada en un pequeño pueblo situado en una isla con una atmósfera agobiante tanto por el ambiente que le rodea como por los chismorreos y presiones del vecindario.

Con una primera escena esclarecedora e impactante, Daniel MacIvor realiza toda una declaración de intenciones para el resto de hora y media que nos queda delante de la pantalla. Un hombre, Dan Jarvis, llega a un puente, baja de su coche con aire apesadumbrado y se dirige a la estructura metálica que sostiene la carretera. Trepa por ella y justo en el momento en el que parece dispuesto a lanzarse al vacío, aparece el providencial pintor del pueblo, que, sin quererlo, evitará que Dan cometa la locura de suicidarse. Ahora tiene una segunda oportunidad. Puede recapacitar, dar marcha atrás y optar por afrontar lo que venga sin darle la espalda.

Y de eso trata Wilby Wonderful, de segundas oportunidades para personajes fracasados, con todo el respeto del mundo. No a fracasados como calificación de la persona en sí misma, sino como la concatenación de hechos desastrosos o carentes de éxito que pueblan la biografía de estas gentes. Pero igual que Jarvis, el resto de protagonistas contarán con segundas oportunidades para intentar enmendar errores pasados.

El director y guionista canadiense nos presenta en un primer lugar a una serie de personajes que no parecen tener nada que ver entre sí, pero de los que poco a poco descubriremos sus historias y relaciones. El pintor se convierte en el hilo conductor y en la clave para conectar cada una de las secuencias que vamos viendo. Comprobaremos como todos ellos tienen algo en común, ya sea el fracaso o el miedo a él, y la búsqueda desesperada de la felicidad en la que todos se embarcan. Historias paralelas que no los son tanto.

La música nos adentra en un mundo anestesiado donde se teme el cambio y lo 'raro'. Un escándalo ha sacudido al pueblo y todo gira entorno a ello, aunque en realidad bajo este escenario de escándalo subyacen las oscuras intenciones de alguien interesado en desviar la atención de sí mismo utilizando a la prensa. A pesar de lo importante de la música en algunas partes, en otras, concretamente en uno de los paseos iniciales, resulta cargante. Sobre todo por lo estridente de la misma. Aunque bien es cierto que el agobio que provoca en el espectador ayuda a imbuirnos en el asfixiante mundo de unos protagonistas continuamente observados por sus vecinos y algunos preocupados por 'el qué dirán' hasta términos enfermizos.

Las actuaciones, con rostros desconocidos para el público español, sobresalen ayudados por la escasez de escenarios posibles y la ausencia de cualquier tipo de aderezo. Sobre todo convence la de la oriental esposa del isleño policía y la del suicida que busca con desesperación la forma de poner fin a su vida, pero a quien las casualidades se lo impiden una y otra vez.

En resumen, un tipo de cine distinto al que estamos acostumbrados que puede amodorrar en algún momento, pero que en líneas generales convence por su reparto coral y por la definición perfecta del conjunto. Podría plantearse como un ejemplo 'casi' perfecto de engranaje cinematográfico.