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W&G: no sólo plastilina
Wallace & Gromit: La maldición de
las verduras
Director: Nick Park y Steve Box
Intérpretes: Wallace, Victor Quartermaine, Lady
Tottington, PC Mackintosh, Reverendo Clement Hedges,
Sra. Mulch.
Mirentxu MARIÑO (Madrid)
Un
terreno tan complicado pero tan efectista como
el modelado en plastilina atrajo como un imán
a Nick Park, que tras varios cortometrajes
se ha decidido por una película en toda regla
para dar chance a la 'extraña pareja' de Wallace
y Gromit. Un hombre y un perro, algo que
quizá no se salga fuera de lo normal pero que
esconde una verdadera relación de convivencia
en la que, ¡oh sorpresa!, el ser más inteligente
es el animal… Consideren el hecho, no obstante,
de que al igual que si se tratara de dos personas
de carne y hueso, aunque con las licencias de
la ficción, las desventuras de este dúo cuasi
cómico son de lo más normalito.
Los protagonistas dedican esta vez sus esfuerzos
a un nuevo negocio, producto de los estrambóticos
inventos de Wallace, que ha diseñado un artilugio
para cazar (sin matar) a los conejos que cada
año sabotean con sus ansias gastronómicas el concurso
de hortalizas gigantes del pueblo. La preocupación,
sin embargo, crece al saber que un super-roedor
merodea por la zona y atemoriza sin inmutarse
a los pobres vecinos. La flamante organizadora
del evento, Lady Tottington, una millonaria
ennoviada con un interesado galán, decide entonces
contratar los servicios de 'Antipesto', la empresa
ad hoc de W&G.
El guión está plagado de guiños a varios films
de terror antiguo, como por ejemplo, Frankenstein,
King Kong o El hombre lobo. Esto
le otorga una versatilidad que le permite llegar
a todos los públicos, puesto que de los niños
ya se encarga una estructura tradicional de buenos,
'malos' y héroes al más puro, aunque algo más
light, estilo Grimm. Además, los diálogos
intercalan chistes visuales constantes y juegos
inteligentes de palabras aderezados, por supuesto,
por las expresiones de los propios muñecos, muy
conseguidas y creíbles hasta desde el punto de
vista 'interpretativo'. Los diminutos conejitos
mudos hacen el coro habitual en este tipo de producciones
(véanse los ratones de Chicken run). Y
lo hacen muy bien.
Pueden apreciarse además algunas referencias irónicas
hacia la Iglesia (el cura es genial), las leyendas
rurales y, sin que sirva de precedente, hacia
la propia 'estupidez humana', que para eso se
trata de una 'animalada' de película. Es de agradecer,
por tanto, que el director no se quede en un mero
cuento insulso o con insoportable moraleja, y
me atrevo a decir que nadie saldrá descontento
del cine, es más, habrán pasado un buen rato mientras
intentan adivinar el final feliz de la trama principal
que, aunque bastante predecible, no resulta en
absoluto tediosa.
El bueno de Gromit, el can sesudo que se erige
en cerebro universal entre tanto humano suelto,
destaca con diferencia por encima de todos los
demás personajes, aunque todos están ciertamente
muy bien definidos. Gromit, en concreto, recuerda
a otros tantos antecesores portadores del mismo
papel de 'resuelve todo', como Sultán,
Pulgoso, Scooby Doo, si nos limitamos
al mundo imaginario, claro está. Es un rol que
suele gustar, y que en este caso viene reforzado
por la mímica, ya que Gromit es otro de los que
no articula palabra (es un perro, of course).
En líneas generales, todo el reparto está bastante
correcto, y la caricatura del repelente Víctor
Quartermaine, cuya voz lleva el nombre de
Ralph Fiennes, logra hacer aflorar los
instintos compasivos del respetable. Por último,
hay que decir que ha resultado inevitable añadir
al buen hacer artesanal la comodidad de los efectos
digitales. Pero esto no le quita mérito ninguno,
pues no hace sino magnificar la habilidad y el
ingenio de Park para narrar grandes historias
a partir de simples elementos. Esta cronista espera
ya con impaciencia la próxima entrega, aunque
tarde, como ésta, otros cinco años en ver la luz.
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