La imaginación (rosa) al poder

Broken Flowers
Director: Jim Jarmusch
Intérpretes: Bill Murray, Jeffrey Wright, Sharon Stone, Frances Conroy, Jessica Lange, Tilda Swinton, Julie Delpy, Christopher McDonald, Chloë Sevigny, Mark Webber.

Mirentxu MARIÑO (Madrid)

La perplejidad es una sensación ambigua que sobreviene al ver películas como Broken Flowers. En realidad, esto no quiere decir que sea ni mala ni buena, sino todo lo contrario, es decir, algo tan inusitado de digerir a cualquier hora del día como para tener que someterlo a una revisión con una discreta distancia temporal entremedias. Quizá se trate de esa moda de hacer producciones sin contar nada pero sugiriendo mucho, una estrategia que de hecho no le sale bien a todo el mundo. Incluidos reputados tipos como Jarmusch. El caso es que, hasta el momento, todavía hay varios mensajes crípticos que esta cronista no ha logrado descifrar.

La trama está centrada en la disoluta vida de Don Johnston (Bill Murray), un Don Juan entrado en canas que se arrastra con un chándal a todas partes y que, a pesar de su estabilidad económica, algo le impide obtener la correspondiente emocional. Su no obstante tediosa vida da un giro inesperado cuando su última pareja le abandona harta de celos. Al tiempo, una carta aterriza en su buzón: una ex que no se identifica, le anuncia para su desgracia que tiene un hijo de 19 años que podría estar buscándolo. Con la ayuda de su vecino, Winston (Jeffrey Wright), Don hará una lista de las que fueran sus amantes e irá en busca de la madre desconocida por todo el país.

El solterón que interpreta Murray tiene mucho que ver con aquel desubicado Bob Harris en el Tokio de Lost in Translation. Pensativo, deprimido e indiferente respecto a un futuro próximo. Con un pasado muy agitado y plagado de mujeres que le atormenta constantemente, se ha convertido sin embargo en un ser inerte que se mueve sólo por obra y gracia de los empujones de su hiperactivo y esforzado amigo. Su particular manera de observar la vida, la de Don, es algo con lo que además el director está bastante obsesionado y que se empeña en meternos por los ojos mediante planos inverosímiles. Cara giro de cuello, cada mirada socarrona o cada pensamiento voraz se nos muestran también cristalinos, quizá demasiado explícitos.

Es como si planeara la pretensión inútil de llenar el desconocimiento total del personaje, que permanece hasta el final del metraje, sólo mediante sus gestos. Pero al margen de la excelente caricatura de sí mismo que hace Murray y que aun siendo repetitiva provoca una indeleble sonrisa, son sus relaciones con 'el exterior' las que dirigen su discurrir. Para ello, cuatro fantásticas réplicas femeninas volverán al presente del protagonista de manera extraña y súbita. Las cuatro, muy bien llevadas por sus actrices y guardianas de una parte del interior de Don, hombre al que no han olvidado ni por asomo. Sharon Stone (Laura), Jessica Lange (Carmen), Frances Conroy (Dora) y Tilda Swinton (Penny), cada una en su tarea, agrupan en sí todo lo que no sabemos de él y siempre quisimos preguntar.

Otras meritorias, como Chloë Sevigny y Julie Delpi, surten de sabrosas pinceladas una historia que se aplana por momentos. En cuanto al guión, está plagado de muchos, muchos silencios y frases demasiado cortas en secuencias bastante largas. La exótica música y los fundidos en negro (el film está lleno de ellos, como si separaran historia por historia con el fin de no mezclar y/o no aburrir), ayudan a cubrir la ausencia de palabras con mayor o menor éxito, ya que las dos horas de duración se hacen bastante adustas cuando no hemos visto ni siquiera a la mitad del reparto en escena. Que el propio protagonista no vaya sacando conclusiones de lo que le pasa cuando el espectador ya ha hecho mil cábalas, resulta un poco cansino.

La película está llena de secretos, y por eso no es fácilmente comprensible por un público ansioso. Por no tener, no tiene ni final. Está salpicada, eso sí, de permanentes elementos misteriosos, como el color rosa, que aparece por doquier; la máquina de escribir; las flores; la insólita recreación en los paisajes; la afición de Don por las piernas femeninas; o sus bromas y dolores privados entre él y sus antiguas novias que nadie termina por explicar. Todo muy metafórico (o metafísico, que una ya no sabe que pensar) pero todo a merced de la imaginación. Por tanto, diremos que estamos ante algo 'especial' que requiere un doble cristal de aumento para ser visto, no obstante, y sin lente, se apreciarán las ácidas insinuaciones en ciertos momentos y lo absurdo (como piropo) de la intriga.

No hay mucho más que decir, salvo que alguna sorpresa sí que se guarda en la manga la cinta y que, si sigue así, el 'actorazo' que es Murray puede llegar a verse atrapado en su propia interpretación en ocasiones venideras, porque las conexiones de Broken Flowers con algunos de sus trabajos anteriores son evidentes y claramente buscadas. Pero eso, siendo que no puede ser, ya lo juzgaremos cuando toque.