Harry Potter pierde la magia

Harry Potter and the goblet of fire
Director: Mike Newell
Intérpretes: Daniel Radcliffe, Rupert Grint, Emma Watson, Tom Felton, Stanislav Ianevski, Katie Leung, Matthew Lewis, Robert Pattinson, Clémence Poésy, Robbie Coltrane, Ralph Fiennes, Michael Gambon, Brendan Gleeson, Alan Rickman, Dame Maggie Smith, Timothy Spall, Miranda Richardson.

Mirentxu MARIÑO (Madrid)

Cuarta entrega de la saga de J.K Rowling y segunda decepción. Es inevitable analizar Harry Potter y el cáliz de fuego dentro del conjunto que suponen todas las películas producidas a tal efecto, y es este hecho el que desvirtúa aún más el alejamiento condicionado del guión con respecto a la narración original así como la manufactura aleatoria que cada vez le es encargada a un director diferente, en este caso el británico Mike Newell. De ahí el flagrante fallo de continuidad estética, dramática e incluso interpretativa. Hasta el momento, sólo el intento inicial de Chris Columbus y las aportaciones de Alfonso Cuarón son dignas de reseñar.

Lo primero que debe saber el que busca una plasmación en la pantalla del volumen correspondiente es que no existe tal. El film que nos ocupa se salta sin motivo aparente (aunque me temo que por presupuesto) varios pasajes y reinterpreta otros, así que hay que tomárselo como una especie de remake. Los elfos domésticos ni son mencionados y el 'quidditch', que tan buenos ratos ha hecho pasar a personajes y espectadores 'muggles', es también y prácticamente ninguneado en beneficio absoluto de la posterior trama principal. La producción, que ha sido concebida de forma aislada, es engordada sin medida a partir de la segunda parte del metraje quedando coja de una de las patas.

El principio de la estructura tripartita adolece por tanto de falta de fundamento. Las premisas son poco claras y los sueños del protagonista se mezclan confusos con el supuesto regreso de Lord Voldemort, el malo malísimo, algo que hace presagiar un oscuro e interesante desarrollo que queda sin embargo apartado en un rincón hasta el final, al margen de alguna pincelada entremedias, para dejar paso al 'Torneo de los Tres Magos'. Dicha competición, larga e irregular en intensidad pues se va desinflando poco a poco hasta resolverse de manera cortante, propicia, eso sí, la aparición de nuevos, y nunca mejor dicho, actores que constituyen el aliciente básico de la historia.

Viktor Krum, Fleur Delacour y Cedric Diggory, los campeones que habrán de medirse con Potter, resultan planos y poco aprovechados. No así sus 'mentores', Igor Karkaroff, Madame Maxime y el inquietante 'Ojoloco' Moody (Brendan Gleeson), mucho más imbuidos en la acción y con indudables superiores registros. Debutantes son también Rita Skeeter (una graciosa Miranda Richardson), Barty Crouch (Roger Lloyd Pack) o Cho, la joven por la que suspira el mago adolescente. Todos, eso sí, perfectamente identificables a lo largo de la larga, que no aburrida, película por ser presentados con intención y cuidadosamente por separado. Es de agradecer el detalle.

En cuanto a los ya conocidos, hay que mencionar la (puede que necesaria aunque odiosa) sobreactuación de Emma Watson (Hermione), Rupert grint (Ron) y Daniel Radcliffe (Harry). Su afán colectivo por parecer menores en edad de lo que son en la realidad les hace convertirse en caricaturas de sí mismos, llegando a molestar a ratos sus exageradas gesticulaciones así como su aspecto: parece que Radcliffe haya metido los dedos en un enchufe antes de rodar. Los adultos consagrados, por el contrario, siguen mandando en esto de actuar, y hacen sombra sin esfuerzo al resto del reparto. Ahí están de nuevo Maggie Smith, Michael Gambon, Robbie Coltrane o Alan Rickman. Irreprochables.

Pero hay uno, un 'elemento' más que hace al respetable olvidar todo lo anterior en cuanto sale a escena. Y ese es el 'Señor tenebroso', ese es el bueno de Ralph Fiennes transformado en 'el que no debe ser nombrado', caracterizado y casi desfigurado para ello pero con una fuerza que de verdad impacta. Es, junto a algún que otro efecto, lo mejor con diferencia de Harry Potter y el cáliz de fuego. Y que el mal fascine mucho más que el bien debería ser tomado en cuenta en una película que se ha anunciado para grandes pero que puede ser y es sin problemas para niños, porque la inclusión medida de un par de sustos no la convierte en siniestra, tal y como casi reza su publicidad.

Por último y en relación con lo puramente audiovisual, las escenas bajo el agua no están nada mal, así como las llegadas del carruaje francés y el barco rumano y algún que otro 'bicho' fantástico. Pero a mi juicio, la magia se ha perdido. No se producen ya ante la pantalla caras de asombro o de asentimientos cómplices. Nada sorprende por ingenioso o por extraordinario, y esta falta de creatividad que debería complementar al discutido talento de la millonaria escritora, debería preocupar y mucho a los siguientes de la lista en hacerse cargo del sufrido Potter. Porque público a buen seguro que tendrán, sean o no suficientes sus visiones o versiones.