Polanski se preocupa por la familia

29/11/2005
por Mirentxu MARIÑO

Impresiona ver que de cerca uno de los grandes sea tan poca cosa y que, de hecho, esté igual que siempre. Los años parecen no pasar por él pero dice que echa de menos sus tiempos de actor, "tengo nostalgia" murmura con resignación, pero lo hace teniendo muy clara la mala combinación que supondría este trabajo con el que ahora le ocupa, dirigir -y cómo- películas. Roman Polanski está en Madrid promocionando su última creación, la nueva versión del archiconocido clásico de Charles Dickens Oliver Twist, un producto familiar hecho desde la calma y el gusto por contar historias.

Las penurias de un niño huérfano en el Londres victoriano del siglo XIX, que bien pudieron ser las del propio cineasta en otro tiempo -"intento identificarme con todos mis personajes"-, son ahora objeto de su mirada incisiva aunque mucho menos retorcida que otras veces. Polanski aparta a un lado en esta ocasión un característico estilo dramático que él dice "no saber cuál es", y ablanda el genio para realizar un film "dirigido a los padres" para que lleven a sus hijos al cine. Confiesa sin remordimientos que cuando acompaña a sus vástagos a ver ciertas cintas infantiles, "a los quince minutos salgo corriendo" o "me duermo".

Por eso el cambio de registro. Una elección "complicada" tras hacer posible El Pianista, una de sus obras más intensas y por la que recibió tres oscars de la Academia de Hollywood. Polanski no fue a recogerlos por estar en busca y captura en Estados Unidos a raíz de un asunto con una menor, aunque de eso ya nadie se acuerda. Así pues, Oliver Twist hace las funciones de una particular catarsis y además carece de pretensiones más allá de llevar a la gran pantalla "lo mejor posible" y con "emoción" el volumen del escritor británico. La película, dice, está hecha a partir de su "imaginación".

Esto, para qué negarlo, ha causado una pequeña decepción en algunos admiradores del polaco que esperaban una revisión mucho más 'negra' o, incluso, "más personal". Polanski se defiende afirmando, un tanto a la defensiva, que no tiene que demostrar nada a estas alturas -"tengo una edad", señala- y que odia a aquellos que pretenden "ser originales". Reniega además de los grandes estudios que hacen films inconexos y hace valer ante la prensa congregada en el Hotel Ritz sus principios más básicos: él hace películas que la gente recuerde, como Chinatown, "que no estaría entre las 19 más importantes de USA si no hubiera convencido al equipo de que Evelyn tenía que morir al final".

Se le ve tranquilo aunque satisfecho con Oliver Twist, que ha podido materializar con la ayuda del mismo equipo con el que hizo El Pianista. Tilda de "excitante" la construcción de los decorados en Praga, una tarea en la que participaron 500 personas durante tres meses. Recrear el ambiente de los grabados londinenses y alemanes de 1835 fue fácil. ¿Y el rodaje?. Bien, sobre todo porque acudió concienciado de que iba a trabajar con niños "para los que se necesita el triple de tiempo y de dinero", pero con lo que acabó entendiéndose de maravilla "mejor que con los adultos". El único problema, explica entre risas, "fue el perro".

A Sir Ben Kingsley, el verdadero reclamo de esta coproducción, nadie le menta durante la rueda de prensa, y es que está tan caracterizado que casi se podría decir que resulta desaprovechado su talento. Encarna a Fagin, un malo más bien 'blandito' y alejado a propósito de aquellos sentimientos antisemitas de otras adaptaciones, de las que el cineasta destaca por buena la musical. Oliver, Barney Clark, fue elegido "como en todos los castings" entre un total de 300 chicos. De él Polanski alaba su "inocencia" hasta el final y los "accidentes" que condicionan su existencia durante la película para terminar donde termina. Aunque, socarrón, cree que si el niño hubiera optado por el mal "habría tenido una vida más divertida".

Oliver Twist se estrena en 180 salas de España con el objetivo de permanecer en ellas durante la Navidad y así 'competir' con Harry Potter o King Kong. Y luego, nadie sabe. Polanski especula en castellano sobre su próxima película, "será para los viejos". De momento no tiene en mente ningún proyecto, no es "de los que piensan que van a hacer después mientras ruedan". En cualquier caso, lo que es seguro es que pasará más tiempo con su familia, a la que, por cierto, ha 'colado' en la película con pequeños papelitos. "Mis hijos me lo pidieron", se excusa, y claro, no pudo decir que no.