|
Munich 1972, según
Spielberg
Munich
Director: Steven Spielberg
Intérpretes: Eric Bana, Daniel Craig, Ciarán Hinds,
Mathieu Kassovitz, Hanns Zischler, Geoffrey Rush,
Ayelet Zurer, Omar Metwally, Ami Weinberg , Michael
Lonsdale, Valeria Bruni Tedeschi, Yvan Attal,
Lynn Cohen.
Mirentxu MARIÑO (Madrid)
A
uno de los judíos más influyentes de los Estados
Unidos le da por abordar los inicios de terrorismo
internacional moderno en una producción cinematográfica
de casi tres horas. Spielberg sabe perfectamente
(siempre lo ha sabe) cómo y por qué hace las cosas.
Y juega claramente en su propio beneficio con
la polémica que intuye suscitará Munich.
Y es que el director ha hecho una película con
poca enjundia política, mucho conflicto interior
y una intención marcada por quedar bien con el
personal. Eso en la medida de lo posible, porque
siempre se tiende a inclinar la balanza hacia
uno de los lados.
En este tipo de historias suele requerirse un
tratamiento delicado. En las Olimpiadas de 1972,
el grupo palestino 'Septiembre Negro', tomó como
rehenes a varios atletas israelíes con el fin
de 'hacer llegar al mundo' la situación de su
pueblo. El desenlace fue fatal y poco después
el Gobierno de Israel decidió actuar por su cuenta
contra los perpetradores del trágico suceso. Esto
es, recurrir al Mossad (sus servicios secretos)
para eliminar uno a uno a aquellos que consideraban
los responsables. Spielberg cuenta ahora este
'después' basándose en un libro y en lo que cree
que pudo ocurrir. ¿Ficción o realidad?.
La trama se centra, por tanto, en los agentes
encargados de la misión. Y en concreto, en Avner
(Eric Bana), un israelí con ascendencia
alemana dispuesto a luchar por su país aunque
un poco confundido sobre sus motivos para matar.
El guión justifica la acción israelí aunque quiere
mostrar también el proceso mental por el que pasa
un 'convencido' que se toma la justicia por su
mano. E incluso presenta a los 'objetivos' como
gente con familia, trabajo y vida propia más allá
del fanatismo. En fin, algo así como que 'el terrorismo
es malo para todos y detrás de todo él, al final,
están las personas'.
En opinión de esta cronista, humanizar a los personajes
(sean 'buenos', 'malos' o todo lo contrario) es
más que una consecuencia de las propias convicciones
u opiniones del señor director: es una estrategia
medida, un recurso narrativo muy eficaz que pretende
la total implicación del espectador en los hechos.
Y se consigue, la verdad. Aunque cueste creer
cosas como por ejemplo que los espías estén tan
poco preparados, que parezcan a ratos sacados
de una serie norteamericana similar a Misión
Imposible (algo intencionado, parece ser),
que sus madres tengan que recordarles de dónde
proceden o que reiteren de forma cansina que la
defensa de 'su sangre' es lo que les motiva.
Lo malo es que de un episodio tan concreto como
el de Munich se pretenda lanzar al aire un mensaje
universal dejando para ello sin final el relato.
Como si del verdadero problema de Oriente Próximo
se tratara. Y hacer esto, además, obviando el
profundizar en lo importante y limitándose a mostrar
cómo funciona una red de mercenarios y de qué
forma la inteligencia de una nación efectúa asesinatos
selectivos, pues deja bastante cojas las pretensiones
de Spielberg. No obstante, hay que alabar la construcción
del film, pues al fin y al cabo cuando
Steven se pone serio resulta ser un perfeccionista.
El comienzo es trepidante: planos cortos, secuencias
rápidas e imágenes reales (televisivas) intercaladas.
Los flash-backs inéditos y continuistas
que luego rebrotarán de ahí llegarán a
convertirse en una obsesión justificada para el
protagonista. Así, la acción no decae a pesar
de la duración, aunque la manera de torcerse las
cosas para el 'grupo' se vea venir ya a mitad
del metraje. Rodada en multitud de ciudades, la
fotografía y la luz, muy cuidadas, se convierten
en el hecho diferencial para distinguir los destinos
y transportar al respetable alrededor del mundo.
Un acierto.
Curioso es que, con la estética tan moderna que
rezuma la producción, se echen en falta objetos
tan tontos como un teléfono móvil o cierta tecnología
más allá de un simple control remoto. Son los
efectos secundarios de la era audiovisual. En
cuanto a los actores, Bana está estupendo. Un
personaje atormentado suele ser agradecido y depende
casi siempre de los matices, pero él lo lleva
con solvencia.
Geoffrey Rush (Ephraim), por su
parte, hace un poco de 'padre', contrarrestando
la figura del 'papa Capone' y asumiendo el papel
de representante de Golda Meir. No suele
tener reproches, y esta vez no iba a ser menos.
Sobre los demás, el único que desentona
levemente es Daniel Craig, futuro James
Bond, y casi más por su estética
que por sus toscos modos. El reparto en general
está escogido y el nivel es notable, lo
que ayuda mucho al desarrollo natural de la producción.
Por cierto, que la banda sonora también
es reseñable y una delicia exótica
para los oídos.
La conclusión es, por tanto, que Munich
es una película que hay que ver, pero teniendo
presentes las reservas apuntadas. Es buen cine
que no obstante no nos resolverá las cuestiones
fundamentales que le podamos plantear. ¿Y
qué película lo hace?.
|