Austen, descafeinada pero sonriente

Pride & Prejudice
Director: Joe Wright
Intérpretes: Keira Knightley, Matthew MacFadyen, Brenda Blethyn, Donald Sutherland, Tom Hollander, Rosamund Pike, Jena Malone, Judi Dench, Carey Mulligan, Talulah Riley.

Mirentxu MARIÑO (Madrid)

Keira Knightley
Jane Austen, maestra en grandes pasiones literarias, es siempre un buen recurso del que tirar para hacer una película. Sus textos son fácilmente adaptables al cine si conservan la gracilidad con la que fueron escritos, especialmente si respetan esa sutilidad insinuante que adornaba el lenguaje del que podían presumir los británicos a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Sobre todo los de cierta clase social. Mansfield Park, Emma y, por supuesto, Sentido y Sensibilidad, son ejemplos de buen hacer en la gran pantalla. Y ahora llega Orgullo y Prejuicio, una grande que sin embargo se queda a las puertas de ser una de esas delicadas piezas de porcelana.

Quizá Joe Wright lo tenía difícil al tratarse de un drama más que de un tradicional enredo de amor y desamor. No obstante, sus palpables intenciones de 'modernizar' la narración con salpicados planos no muy ortodoxos y la poca fuerza que destilan los actores principales, mantienen la producción en un nivel algo más bajo de lo que cabría esperar. Sobre todo, porque el paso del tiempo llega a convertirse en una losa tanto para la sufrida protagonista como para el propio espectador. En otras palabras, si uno es poco amigo de la espera, le resultará un tanto lenta.

La gran Judy Dench Los puntos fuertes pasan por la fotografía (los paisajes, la luz), el acertado retrato de la alta sociedad inglesa y sus diferencias con los 'aspirantes' estratos medios y bajos (en realidad, mérito de la novela) y Judy Dench. La actriz aparece sólo unos minutos en escena, tal y como hizo en Shakespeare in love, pero eclipsa sin pudor al resto del reparto. El guión es sólido, nada confuso, siendo que cada personaje es en sí mismo una historia; y en él hay momentos redondos, como la ácida conversación/paseo acerca la mujer perfecta. Más allá de esto, el problema reside en que el film es un monográfico visual sobre la guapa Keira Knightley y sus cien maneras de sonreír (¿recuerdan Love actually?).

Encarna a Elizabeth Bennet, una joven casadera sin demasiados posibles y con cuatro hermanas que completan un cuadro al más puro estilo Mujercitas. Ella adopta el papel de rebelde ante un género masculino que desconoce y aborrece los convencionalismos a los que su propia madre pretende acostumbrarla. Un buen día, se fija en el señor Darcy (Matthew Macfadyen), hombre rico y amargado que descoloca sus sentimientos. A Mary, hermana de Elizabeth, le ocurre lo propio con el mejor amigo del citado caballero, Mr. Bingley. Pero ambas cargarán con sus 'relaciones' de forma muy distinta.

Mr. Darcy y Mr. Bingley La química entre Knightley y Macfadyen es nula. Él, demasiado circunspecto. Ella, demasiado inquieta. Él podría haber sido sustituido, con razón, por un Colin Firth cualquiera. A ella le faltan tablas para un papel así. Y aunque casi al final parece que empiezan a meterse en harina, la sensación de 'cojera' interpretativa permanece inalterable. Sólo existe un único momento de clímax en la película, y se reduce a los últimos minutos de metraje; así no se llega a ninguna parte, y más en un relato en el que se supone que las sensaciones están a flor de piel. Las secuencias de los bailes, por ejemplo, aunque interesantes, podrían haber dado mucho más de sí.

Unos secundarios muy resueltos compensan como pueden estas carencias centrando el interés con sus ocurrencias, con mención especial para Tom Hollander (Mr. Collins) y Brenda Blethyn (Mrs. Bennet). Su misión es desengrasar y la cumplen a la perfección. Donald Sutherland pasa casi desapercibido. Es por tanto una pena que el potencial de un relato de época como éste se haya visto mermado por la ineficacia de los actores, aunque mucha culpa de ello, se teme esta cronista, la tiene el director. Un Orgullo y Prejuicio descafeinado será lo que vean los que se acerquen a las salas. A veces no todo es lo que parece.