Quijote mountain

The Three Burials of Melquiades Estrada
Director: Tommy Lee Jones (guión de Guillermo Arriaga)
Intérpretes: Tommy Lee Jones, Barry Pepper, Julio César Cedillo, Dwight Yoakam, January Jones, Melissa Leo, Levon Helm, Mel Rodríguez, Cecilia Suárez.

Mirentxu MARIÑO (Madrid)

Keira Knightley
Estados Unidos está recuperando el género del western clásico que tantos buenos ratos nos hizo pasar delante del televisor, aunque lo hace introduciendo variables modernas para darle una vuelta de tuerca más allá de lo llanamente ortodoxo. Si hace bien poco una historia de amor entre dos pastores de ovejas calaba en los espectadores de medio mundo, ahora es Tommy Lee Jones quien, metiéndose a director con un resultado más que decente, narra una historia de amistad y penurias derivadas de la inmigración en la zona fronteriza con México. El mérito es compartido con Guillermo Arriaga, que firma un guión impecable sobre el que no ha debido de resultar nada difícil trabajar.

No sería una locura tildar esta película de 'cuento'. Un cuento sobre la persecución de los sueños, los propios y los de los demás, y del valor de la confianza y de la inocencia que rezuman aquellos convencidos de que otra vida es posible. Algo así como (salvando las distancias) un 'Quijote mountain' en toda regla. Los tres entierros de Melquíades Estrada tiene, además de un título retorcido, bastantes dosis de realismo sociológico y un puntito de humor negro que se agradece. Sus personajes, además, están muy bien trazados y puestos en su sitio, con la única excepción de Pete Perkins (Jones), el menos previsible pero el más sólido y eficaz.

El asesinato impune de un 'espalda mojada' en el desierto lleva al patrón para el que trabaja a emprender un largo viaje que le devolverá la dignidad. Una promesa y la necesidad de encontrarse consigo mismo desencadenan en Perkins la responsabilidad de hallar al culpable (un excelente desgraciado Barry Pepper) y hacerle pagar por su acción, arrastrándole por la fuerza hasta el lugar de origen de Melquíades (Julio César Cedillo) como si de una redención espiritual se tratara. Ambos se enfrentarán, aunque a la inversa, a la crudeza de una travesía que realizan miles de desorientados expatriados para los que cruzar la 'línea' es el pan de cada día.

La estructura segmentada de la narración y la manera de alterar la cronología de los hechos es lo que le da vida a la producción. Arriaga no recurre de ninguna manera a los típicos flash-backs, sino que deja que los acontecimientos fluyan muy por encima de una línea temporal inalterable mostrando, por ejemplo, las mismas escenas desde varias perspectivas. Este aparente desorden es crucial para el desarrollo de la acción y constituye un recurso bien utilizado que evita la monotonía visual a pesar de los fantásticos silencios escénicos que pueblan el metraje. De esta manera, se aprovecha para introducir a todos los personajes y a sus circunstancias en una primera parte para a partir de ahí delegar en el buen hacer de Jones.

El veterano actor esconde en su serena mirada todo un juego de intenciones interpretativas. No es tanto un defensor de 'el fin justifica los medios' pero sí entiende que las cosas deben hacerse bien. Por eso se erige en 'castigador' del ejecutor de su amigo si bien él mismo pretende dar ejemplo a pesar del sinsentido de su artificial locura. Y lo hace tan bien que el respetable acaba por sumarse a su causa. Un buen trabajo que eclipsa al resto del reparto, y eso que todos y cada uno de los ejecutantes funcionan de maravilla. En especial, la pareja Lou Ann-Mike, a los que en efecto uno imagina en su decrepitud iniciada nada más salir del instituto.

Todos ellos, incluyendo a la camarera infiel y al jefe de policía corrupto, parecen asumir su propia realidad con más tablas que el nunca resignado 'fantasma' de Melquiades, que alimenta sus esperanzas con un futuro imposible que los demás ni se plantean. La otra pareja estrella, Perkins y el patrulla Norton, maduran una relación de amor-odio que será la que sostenga la mayor parte del film. Un film que se torna imprescindible ver en versión original por su apabullante bilingüismo (atención a Tommy Lee Jones hablando en español) y por la necesidad de apreciar en toda su magnitud los matices del mestizaje cinematográfico que plantea (y a la fotografía, también). Un debut, francamente, muy bien aprovechado.