Crimen, castigo y resurrección

V for Vendetta
Director: James McTeigue. Guión: Los Hermanos Wachowski.
Intérpretes: Natalie Portman, Hugo Weaving, Stephen Rea, Stephen Fry, John Hurt, Tim Pigott-Smith, Rupert Graves, Roger Allam, Ben Miles, Valerie Berry, Sinead Cusack, Nathasha Wightman, John Standing.

Mirentxu MARIÑO (Madrid)

Keira Knightley
Los hermanos Wachowski regresan al candelero cinematográfico con una interpretación muy sui generis de las causas terroristas extraída (aunque moldeada) de un cómic de los años ochenta. V de Vendetta plantea una visión nefasta y futurista que bien podría ser real y que, de hecho, es casi clavada a la Alemania nazi, en la que un Estado totalitario en su versión más extrema se las tiene que ver sin remedio con la revolución nada silenciosa llevada a cabo por uno de los 'frutos' de sus prácticas inhumanas.

'V' no es un personaje fantástico al uso, y sus motivaciones tampoco. En vez del clásico héroe atormentado con traje de neopreno rodeado de malabarismos digitales, Inglaterra trata con un ser rebosante de odio que ha aprehendido de su propio dolor que los medios se justifican solos si el fin implica la consecución de una justicia basada en la venganza. Es un hombre cultivado, autodidacta y cuya razón se dejará vencer por una condición de humano que esconde tras la máscara de un histórico antisistema, Guy Fawkes.

La sociedad, desesperada, aceptará sus tesis sin pestañear aunque temerosa de dar cualquier paso comprometido que pudiera empeorar su ya de por sí complicada situación. La película muestra un entorno cruel en el que los homosexuales, los musulmanes, los activistas políticos o los simples transmisores de progresismo están condenados a muerte. El revulsivo que supone alguien capaz de desafiar, aun con métodos muy drásticos, el poder establecido, se ve como una luz al final del túnel.

Resulta interesante todo lo que plantea V de Vendetta, no en vano las similitudes con ciertos conflictos actuales son bien reconocibles. Pero nunca hay que olvidar que se trata de ficción basada en ficción, nada de un pretendido análisis socio-político del momento, y eso que lo del 'campo de concentración' en bastante flagrante. Que nadie vea intenciones subversivas, porque no las hay, y que nadie entresaque teorías anarquistas de la nada. Es un planteamiento como otro cualquiera, solo que veraz.

El guión, lineal aunque plagado de flash-backs (quizá demasiados, pero tienen que 'justificar' muy mucho las actitudes del 'rebelde'), no está mal estructurado, aunque le falte nitidez a ratos. Hay lagunas en las relaciones de ciertos personajes mientras que otros se presentan casi por sorpresa y con la presunción de que el público ya sabe quiénes son. Pero el hilo se coge enseguida. Es un acierto además el impulso a la trama del policía, que va aportando toda esa información que el protagonista oculta al mundo.

No lo ha tenido nada fácil Hugo Weaving (el agente Smith de Matrix) para interpretar a un hombre sin identidad. Se vale de su capacidad gestual para transmitir sensaciones, aunque es muy cierto que lo que le define es la voz, y con ella su extravagancia radical. Puede y sabe hacer llegar al respetable la compleja realidad de su alter ego. Aun así sigue siendo complicado juzgarle por su trabajo, algo parecido a lo que ocurre con John Hurt (El líder Adan Sutler), un virtual tirano muy convincente que parece no existir.

Stephen Rea (el Inspector Finch), circunspecto detective que se mueve entre el miedo y la necesidad de salir del agujero de sometimiento, es sin saberlo el verdadero héroe de esta historia. Y a cara descubierta. Por último, Natalie Portman. Una estupenda actriz que ve algo mermadas sus cualidades haciendo de Evey, una chica cuyos padres fueron activistas que termina encontrando en 'V' un guía vital. Eso sí, a base de sangre y dolor, como no podía ser de otra manera.

Impresiona verla con el pelo rapado (gajes del oficio) y sufriendo torturas análogas a las de su mentor. Tiene carácter, pero trabajos como el que desarrolló en Closer todavía, a mi juicio, no han sido rebasados. Por lo demás, un elenco de secundarios bien perfilados (Stephen Fry, como siempre) y un sinfín de desconocidos indispensables para hacer bulto y circunscribir el desarrollo de los acontecimientos, que pecan por cierto, de ser levemente retorcidos, pero ya se sabe con estos guionistas.

Un último apunte. Las connotaciones religiosas tienen cabida en todo esto. O al menos lo parece. Así como los 'malos' juegan a ser Dios, al 'bueno' se le atribuyen conceptos como liberación, conversión o resurrección que impregnan el mensaje del film. Por otro lado y sin que sirva de precedente, hay que decir que ver en primera fila volar por los aires cierto patrimonio histórico de Londres bajo la batuta de un tal Tchaikovsky no tiene precio. Eso y un final rebosante de esperanza, lo mejor en mucho tiempo.