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Un quiero y no puedo
Man about town
Director: Mike Binder.
Intérpretes: Ben Affleck, Rebecca Romijn, Howard
Hesseman, John Cleese, Mike Binder, Gina Gershon,
Bai Ling, Adam Goldberg, Jerry O'Connell, Amber
Valleta.
Mirentxu MARIÑO (Madrid)
Ben Affleck es un tipo un tanto curioso.
Siendo uno de los más mediocres actores de la
industria norteamericana se puede permitir casi
hacer la película que quiera. Y eso es porque,
a pesar de sus limitaciones, tiene una muy desarrollada
capacidad para atraer el éxito. Su última apuesta
como protagonista, Diario de un ejecutivo agresivo,
es una pseudo-comedia intrascendente con aspiraciones
estéticas y narrativas que no pasará a la historia
del cine. De esas que uno olvida nada más salir
de la sala, que no crea inquietudes más allá del
"qué guapa ella". Pero mala, lo que se
dice mala, no es.
El ejecutivo en cuestión es Jack Giamoro,
un representante de estrellas que no termina de
encontrarse a sí mismo. Su historia se acerca
bastante al tópico: rico, bueno en su trabajo,
sin tiempo para su mujer... y con poca autoestima.
Un curso de escritura, cuyo profesor es el inconmensurable
John Cleese, será su 'salvación espiritual'.
El bueno de Jack estará obligado a llevar un diario
en el que refleje sus secretos, un ejercicio de
introspección (?) que se convierte en presunto
hilo conductor de la trama. A partir de ahí, situaciones
surrealistas y extrañas curvas en el guión.
Uno
de los problemas del film es, sin duda,
el exceso de lo que podría denominarse 'personajes
excusa', un puñado de aledaños que sirven únicamente
para un par de secuencias y que permiten a Affleck
recorrer su camino sin tropezar. No aportan nada
salvo soluciones a determinadas cuestiones visibles
como la infidelidad de Nina (Rebeca
Mística Romijn) o la supervivencia
de la agencia. Carecen de la suficiente consistencia
como para considerarse imprescindibles, y si existen
es por exigencias coyunturales. Pero se les da
importancia sin concierto, lo que confunde al
espectador.
En ningún caso funciona centrar, por ejemplo,
la acción en una segundona periodista china con
un matón por novio que causalmente es tío de un
becario de la oficina. Demasiado rebuscado; sobradamente
caprichoso. Porque eso es lo que se intuye de
Diario de un ejecutivo agresivo, que es
un capricho del director que quisiera haber hecho
un enredo a lo Kevin Smith y que se ha
quedado con las ganas. Aun así el entretenimiento
viene dado por la agilidad de los acontecimientos
y por ciertos guiños cinematográficos que tiene
su gracia. Las caras conocidas en el reparto también
ayudan.
Podría haberse ahorrado, no obstante, Mike
Binder, algún que otro cansino flash-back
nostálgico y esos movimientos de cámara rápidos
que no encajan mucho con el tono general. Es como
si no supiera si decantarse por algo profundo
o por algo artificioso. Lo primero, no casa con
Ben Affleck; lo segundo, hubiera transformado
el proyecto en otra cosa. Y así, entre Pinto y
Valdemoro, lo más atractivo es un padre en estado
delirante que no sabe lo que hace en su versión
de gag repetitivo y el supuesto 'Mac Guffin' (aquí
cuaderno de bitácora) que se deja ver escasamente
en el título.
El film, por tanto, deja un regusto
pobre de impotencia, pues el recurso del diario-confesor
es algo que suele dar mucho juego. Asimismo, desprende
una leve sensación de desperdicio de talento en
el caso de algunos de los ejecutantes, que ven
mermadas por obligación sus posibilidades,
e incluso, a nivel de dirección. Pero no
sufran, que en realidad no es mala.
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