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Moraleja con estilo
Cars
Director: John Lasseter
Intérpretes (Doblaje castellano): Owen Wilson/Guillermo
Romero (Rayo McQueen), Paul Newman/Víctor Valverde
(Doc Hudson), Bonnie Hunt/Yolanda Mateos (Sally
Carrera), Larry The Cable Guy/Carlos Kaniowsky
(Mater), Cheech Marin/José A. Escobosa (Ramón),
Tony Shalhoub/Antonio Villar (Luigi), Jennifer
Lewis/Isabel Donate (Flo), Paul Dooley/José A.
Ceínos (Sargen), Michael Wallis/Francisco Hernández
(Sheriff), George Carlin/Luis Marín (Fillmore),
Richard Petty/Miguel Zúñiga (El Rey), Michael
Keaton/Salvador Aldeguer (Chick Hicks).
Mirentxu MARIÑO (Madrid)
La perfección es imposible, que diría aquel. Pero
Pixar se acerca cada vez más; eso sí, en
lo que 'mamá' Disney le deja. Cars,
lo último en animación para la gran pantalla,
es un alarde de diseño y meticulosidad, una creación
más de los genios de la casa que, sin embargo,
adolece de poca imaginación en el mensaje, algo
de lo que hay que lamentarse tras un pasado lleno
de inteligentes maravillas del dibujo. No obstante,
el triunfo está asegurado, sobre todo entre el
público infantil y los amantes de las carreras.
Rayo McQueen, el bólido protagonista, corre
el peligro de convertirse en un engreído campeón
sólo preocupado por los triunfos y los 'flashes'.
Su mayor sueño es ganar la Copa Pistón de California,
un título en poder de los grandes que haría de
él una joven estrella del automovilismo. Pero
al ir camino de la competición, se extravía y
va a recalar en un pequeño pueblo situado en la
legendaria Ruta 66. Allí conocerá a sus
futuros amigos y comprenderá que la vida no sólo
consiste en ganar...
Todo
muy previsible pero posiblemente necesario dadas
las características del producto. Humanizar a
un coche no es tarea fácil, y para compensar la
falta de expresividad, que sin embargo está muy
conseguida, se tira del siempre dispuesto recurso
sentimental. Hace falta una moraleja asequible
pero sin pasarse y, desde luego, un final bonito.
La tradición no va a cambiar a estas alturas,
pero por lo menos es de agradecer que se hayan
evitado por todos los medios algunos 'topicazos'irreversibles.
Aprovechando incluso el tirón de la Fórmula 1,
figuras como Michael Schumacher o Fernando
Alonso (metido con calzador en la versión
española), se dejan 'ver' en una ronda 'cameos'
que incluyen alguna que otra sorpresa. Algo de
todo eso chirría, así como la pretendida historia
de amor, cuya única función en el guión es hacer
tiempo, y la grúa 'mejor amigo' de McQueen. Lo
de que el 'bueno de verdad' de la historia sea
feo y tonto no aporta nada (¿qué tal, alguna vez,
ser amigo de 'los malos'?).
A
pesar del renqueante desarrollo y de un exceso
de localismo que corre el riesgo de ser ignorado
por cierta parte del respetable, los de Lasseter
no defraudan en cuanto a guiños y dobles lecturas
se refiere. Y, por supuesto, su ingenio logra
sin esfuerzo reconducir en varias secuencias la
repentina dulcificación del momento, incluida
la canción central del indispensable Randy
Newman, Our Town, interpretada por
esta cronista como una burla descarada hacia las
baladas tipo Pocahontas. Todo es posible.
Pero lo que de verdad emociona es ver a las máquinas
en acción. Es un verdadero placer apreciar el
juego de texturas, colores, reflejos y precisión
de los que Cars hace alarde con una superioridad
impactante. Los movimientos de una cámara que
no existe hacen el resto. Así pues, gocen con
la velocidad y no se pierdan, como ya tienen que
saber, los títulos de crédito. Ni tampoco el corto
del principio, El hombre orquesta, una
delicia que casi vale más que dos horas de proyección.
Cuestión de minutos.
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