|
El
Guerrouj se corona en los Juegos
Agencias/Ociocrítico
(Madrid)
Muchas miradas estaban puestas este miércoles
en la final de 1.500 metros. En ella competía
el español Reyes Estévez y tanto él como
todos nosotros esperábamos que se metiese
entre los tres primeros. Sin embargo, no
pudo ser y terminó séptimo. Estévez sucumbió
en los últimos 300 metros ante el potencial
de los favoritos. Se impuso el marroquí
Hicham El Guerrouj, tras años persiguiendo
el oro. El keniata Bernard Lagat fue plata,
y el portugués Rui Silva, bronce.
Arropado por la bandera de su país, el marroquí
Hicham El Guerrouj, uno de los atletas
más célebres del último decenio, celebró
la culminación de su particular idilio con
los Juegos con una anhelada y merecida medalla
de oro, que ni siquiera el empuje de Lagat
le pudo arrebatar.
El Guerrouj, que afrontaba la cita olímpica
en una posición más débil que nunca, saldó
viejas cuentas con los Juegos y se colgó
el metal más preciado con el que redondea
una trayectoria única, de múltiples éxitos,
pero salpicada con dos 'desgracias' olímpicas,
la caída en Atlanta y la derrota en Sydney.
En un segundo plano, Reyes Estevez
hacía su carrera, con la esperanza de recuperar
los éxitos de Fermín Cacho. El barcelonés,
un atleta de mucha calidad, pero sin el
brillo de los campeones, había exhibido
potencial en las series para hacer soñar
con una medalla, pero esas ilusiones tornaron
frustración cuando Estevez afrontó la recta
final, sin fuerzas, y lejos de los mejores,
séptimo.
Delante suya, cuando ya le había superado
el portugués Rui Costa, a la postre tercero,
Estevez veía el duelo soñado. Un esfuerzo
titánico en 60 metros de dos superclases,
Lagat y El Guerrouj. El keniata le recordaba
al marroquí la figura de Noah Ngeny,
su verdugo en Sydney cuando llegaba invicto
tras cuatro años.
Durante unos instantes, incluso, Lagat se
permitió mirar por detrás al campeón mundial.
Parecía un nuevo fracaso de El Guerrouj,
dominador de la distancia, pero sin corona
olímpica, una vez más. Sin embargo, empujado
por los hados del olimpismo, en la cuna
misma de este evento, El Guerrouj no quiso
rendirse, recobró el impulso y en el último
suspiro superó al africano para alcanzar
la gloria olímpica.
Tras cruzar la línea de meta, el marroquí
se arrodilló e invocó al cielo en señal
de agradecimiento, antes de comenzar a llorar
en el hombro de Lagat, que le vino a felicitar.
Sus lágrimas, hoy sí de alegría, duraron
unos minutos, antes de agarrar una bandera
marroquí y dejarse llevar por la alegría,
bailando al son de la música tradicional
griega.
El Guerrouj había prometido a su hija, Hiba,
de apenas unos meses, que iba a llevar a
casa el ansiado oro y acabar con su pesadilla
olímpica. "Los últimos metros no dejé
a Lagat que me superara. Estaba tan desesperado
por ganar el oro por mi hija, que tenía
que aguantar de esa forma, tal era el deseo
y desesperación mías por ganar", dijo
el marroquí.
|