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Los
otros records de Atenas
José Luis ARESTI/Ociocrítico
(Atenas)
En la Olimpiadas se baten marcas
día sí y día también, ya sean mundiales
o nacionales, aunque los españoles no es
que nos hayamos lucido precisamente en este
aspecto. Pero no sólo los records deportivos
están quedando obsoletos en la capital griega,
también hay otros, mucho más curiosos como
el del metro ateniense, que ha aumentado
en un 75% su nivel de viajeros. No es que
nos sorprenda, pero no deja de ser llamativo.
Casi tanto como la visita de los Príncipes
de Asturias y sus palabras de ánimo a nuestros
atletas.
Muchas veces he oído a mi hijo, que está
en plena edad del pavo, la expresión: "Esto
está más petao que el metro en hora punta".
Pues si eso pasa en Madrid con once líneas
de suburbano, imagínense lo que debe ser
montarse en el homónimo ateniense, que sólo
cuenta con tres. Toda una odisea. Aquí vamos
todos de un lado para otro y cada vagón
es como una lata de sardinas con todo tipo
de olores, colores y sabores, porque algún
codo me he comido desde que estoy aquí por
culpa de mi estatura más que disimulada.
En fin, que me voy por las ramas.
El caso es que la empresa de metro local
ha difundido un comunicado en el que nos
anuncia el espectacular incremento de sus
usuarios, por otro lado previsible. Hasta
medio millón de personas han elegido este
medio de transporte para hacer turismo,
olímpico o no, por la ciudad. Y eso sin
contar a voluntarios, personal acreditado
o quienes tienen entrada para las pruebas.
Nosotros vamos gratis. Y mientras, por arriba,
en las calles, todo el mundo tan tranquilo
y holgado. Sin atascos ni malas caras, porque
el Gobierno decidió restringir estos días
el tráfico en al ciudad.
"Hijos de..."
Que nadie se de por aludido ni se eche las
manos a la cabeza. No estoy insultando a
nadie. Dios me libre de cometer tal atropello.
Simplemente me limito a transcribir las
palabras de los aficionados españoles que
acudieron a presenciar el partido de baloncesto
contra Estados Unidos. A falta de 20 segundos
para el pitido final y con nueve o diez
puntos arriba, no me acuerdo de la cifra
exacta debido al mosqueo, el entrenador
estaounidense decidió pedir un tiempo muerto.
¿Para qué? Eso es lo que se preguntaron
los seguidores españoles que no cabían en
si del asombro. Entonces salió a relucir
la furia española.
Las gradas, de claro color rojigualda, se
volvieron contra los árbitros y los jugadores
de la NBA y les dedicaron este tipo de lindezas
y otras, que uno no repite por aquello de
respetar el lenguaje. Los abucheos no sirvieron
para ganar, pero se descargó algo de la
tensión acumulada en un partido de alto
voltaje. Mario Pesquera también mostró
su patente descontento y le negó el saludo
a su homólogo norteamericano. Y es que no
se puede ir por la vida de sobrao.
Doña Letizia, cheerleader
Los Príncipes de Asturias se han dejado
ver en las gradas de varias de las pruebas
en las que entraban en liza atletas españoles
como si de unos aficionados más se tratase.
Don Felipe señaló que "cada vez
está más cara la medalla", frase que
si sacásemos de contexto podría dar mucho
que hablar y que incluso podríamos calificar
de desafortunada, porque siempre habrá alguien
que vea tintes económicos en eso de "cara".
Pero no, nuestro futuro monarca no se refería
a eso, sino al nivel de la competición y
al duro trabajo de los atletas.
Por su parte, doña Letizia sigue
con su curso personal para futura reina
y ahora le ha tocado el papel de animadora,
con lo que está encantada. "Animar a
España es estupendo", eso sí, nada de
pompones y minifaldas de tablas, que no
es cuestión de tirar el protocolo por la
ventana.
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