La Selección no nos hace soñar, nos duerme
27/05/2006
Emilio Martínez (enviado especial a Albacete)/Diariocritico
"Estos tíos son tan aburridos y tan 'mantas' como el Alba". Así espetaba un paisanico a otro al término del soporífero partido que nos regaló la Selección española ante una Rusia superconservadora y débil. Y es que en las tierras del Quijote, el equipo español para nada se acercó a su espíritu de utopía e ilusión, de grandeza y sueño. Más bien estuvo más próximo al sentido nada volador ni imaginativo, apegado a la realidad de su fiel escudero Sancho. Y la realidad de la Selección no está para soñar con grandes proezas en el Mundial, sino para otro fiasco, como casi siempre.
Parte de la culpa la tiene el propio técnico, al que le dio un ataque de entrenador (léase de conservadurismo, lo que aplicó habitualmente en su carrera en los banquillos) y montó un medio campo con dos destructores, Albelda y Senna, y sólo un mediocentro creativo, el inexeprto Cesc, que pasó desapercibido. Y precisamente Albelda y Senna fueron los que más veces tocaron el balón, desgraciadamente para el talento y el sentido atacante, con lo cual España se perdió en combinaciones previsibles adornadas con alguna ocasión por acciones individuales.
Como las que tuvieron Villa, Luis García y sobre todo Torres, tan atolondrado de cara al gol como acostumbra, que desaprovechó tres en los minutos 17, 19 y 28. Mientras, los rusos, a verlas venir, con un sólo contaataque de calidad, que protagonizó Anyukov -vaya nochecita que le dio a Antonio López, único defensa que no anduvo al nivel del resto (magnífico Puyol y cumplidores Pablo y Sergio Ramos)- y paró Casillas.
Tras el descanso, a Luis le dio por arriesgar -¡noticia, noticia!- y ser coherente, cambiando al medio campo y sacando a una terna de creadores que ya movieron el balón con criterio y sentido atacante: Iniesta (feliz debú en su tierra), Xavi y Xabi Alonso. Éste se engrandeció, echándose el equipo a sus espaldas -o a su cerebro y botas- con lo que si le unimos la entrada de un muy dinámico Raúl, España pasó a dominar con cierto orden. Llegaron nuevas ocasiones, que pifiaron Torres de nuevo, el propio Raúl y Reyes, que aportó su verticalidad y ayudó a meter más a Rusia en su área. No llegó el gol,pero España ya tenía el balón y sabía para qué... a veces.
El tiempo se fue consumiendo con el equipo ruso, muy joven y que aportó una buena técnica individual, cerrándose más en busca del empate que consiguió finalmente. Y con una España que, dentro del aburrimiento, defraudó menos que en la primera parte.
Y la pareja de sabios espectadores albaceteños, con ese sentido medio castizo, medio socarrón y un punto samugo propio, echó la persiana a la noche. "Lo malo es que mañana -por este domingo- toca otra película igual, pues juega el Alba, que tanto nos ha defraudado este año". Y su compañero le espetó. "Pero pijo, no te preocupes. Peor que estos tíos, imposible". Lo que convenció al primero: "LLevas razón, además es a las siete y no nos podremos dormir como ahora".
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