Las
críticas, a veces muy duras, que le han llovido
desde que hace apenas tres meses fue nombrado
por el Gobierno Alto Comisionado para las Víctimas
del Terrorismo, han conseguido cambiar las costumbres
y hasta el carácter a Gregorio Peces-Barba.
Cuentan algunas de las personas más cercanas que
el Rector de la Carlos III se sorprendió cuando,
con la comparecencia de Pilar Manjón en
la Comisión del 11-M todavía 'caliente', Zapatero
le llamó para ofrecerle el cargo. Y que tras
un 'tira y afloja' con el presidente, aceptó el
encargo no sin antes refunfuñar porque, además
de tratarse de un tema muy 'delicado', le restaría
tiempo a su responsabilidad en la Universidad
madrileña.
Acostumbrado a la ajetreada, pero a la vez tranquila
vida universitaria, y fuera como está desde hace
muchos años de la primera línea política, lo que
no imaginó fue hasta qué punto sus pasos iban
a ser analizados con lupa por la oposición, ni
las duras críticas que iba a recibir por su inasistencia
a algunos actos o por algunos de sus comentarios.
Estos avatares han terminado por provocar a Peces-Barba
'alergia' al teléfono, que desde su nombramiento
'echa humo'. Algunas de las personas que antes
tenían línea directa con él se quejan de que ahora
es muy difícil conseguir localizarle y mucho más
hablar personalmente con él, ya que todo pasa
por el filtro de su jefe de prensa. Hay incluso
quien se pregunta si aguantará en el puesto.
|