La existencia de dos confidentes, uno de la Policía
-José Emilio Suárez Trashorras- y otro
de la Guardia Civil -Rafá Zouhier- en la
trama del 11-M ha destapado todo tipo de situaciones.
Según denuncia la Asociación Independiente de
la Guardia Civil (ASIGC), un traductor de árabe
que participó en distintas operaciones contra
delincuentes marroquíes organizados y que ha facilitado
en algunas ocasiones informaciones al Servicio
Secreto español, no sólo sobre Marruecos, sino
también sobre Argelia, ofreció a los agentes dedicados
a la investigación y espionaje de la amenaza terrorista
fundamentalista islámica la posibilidad de espiar
al Rey de Marruecos, Mohamed VI. El espionaje
se haría a través de un familiar que trabaja en
el servicio de la Casa Real.
Según esa información, el traductor ofertante
-que lo seguiría siendo en la actualidad- aseguró
que por dinero su familiar estaba dispuesta a
pasar la información necesaria sobre lo que oyera
o viera.
No obstante, los miembros de la Guardia Civil
especializados en la investigación del integrismo
musulmán no sólo habrían rechazado dicha posibilidad,
por cuanto podría provocar un problema político
de envergadura, sino que informaron y se prohibió
la colaboración del traductor y confidente con
este Cuerpo.
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