No
hubo conversación política en el avión que llevó
a Roma al presidente Zapatero y a Mariano
Rajoy. Los que tenían esperanzas de que se
produjera un diálogo entre ellos quedarán decepcionados,
porque a pesar de que estuvieron juntos todo el
viaje con los colaboradores del presidente -Rajoy
iba solo- no hablaron más que de cuestiones intrascendentes.
Ni una palabra sobre actualidad política, a pesar
de que la campaña vasca estaba envenenada por
la aparición del Partido Comunista de las Tierras
Vascas y a pesar de que los dos tenían pendientes
la creación de una comisión sobre la reforma de
las Constitución y de los Estatutos, según habían
acordado en su último encuentro de La Moncloa.
Pero no hubo nada.
Tampoco en la cena de la embajada que compartieron
con los Reyes. Hablaron sobre el fallecimiento
del Papa y la impresionante reacción que produjo
la noticia desde el punto de vista social, religioso
e incluso político.
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