Se
ha publicado que el nuevo Papa, Benedicto XVI,
toma las riendas de la Iglesia católica con las
cuentas vaticanas en números rojos. Pero lo que
no se ha dicho, ni posiblemente se averiguará,
es el dinero que ha movido la agonía y fallecimiento
de Juan Pablo II, los funerales, el cónclave
y la elección de Benedicto XVI. Gratis, desde
luego, no ha salido. Apuntamos aquí algunos aspectos
sobre los que reflexionar. Veamos:
- Toda retransmisión televisiva supone el pago,
no pequeño, de derechos de conexión, por cuenta
de las televisiones que la realizan. Y la única
señal posible era la de la televisión vaticana.
La enfermedad, muerte y exequias de Juan Pablo
II, más el posterior cónclave, la elección de
Benedicto XVI, las imágenes de las fumatas negras
y la blanca y la primera misa del nuevo Pontífice,
el miércoles pasado, más el primer acto público
que tendrá lugar en la plaza de San Pedro el próximo
domingo, han sido y dará lugar a la emisión por
las televisiones de todo el mundo.
- Desde las vísperas de la muerte de Juan Pablo
II, a finales de marzo, hasta el domingo que viene,
han pasado al menos 24 días (el domingo es día
24 y Juan Pablo II falleció el sábado día 2, pero
se temía por su vida desde antes). Han sido 24
días de estancia de cientos de periodistas de
todo el mundo, sin contar con los miles de fieles
que viajaron a Roma para decir su último adiós
al anterior Santo Padre y las autoridades que
acudieron al entierro.
- Todo lo anterior ha supuesto miles de viajes,
sobre todo en avión (desde España se fletaron
vuelos especiales y aún así no hubo suficientes
plazas).
- Aunque parezca obvio decirlo, todas estas personas
comen y duermen, lo que supone ingresos para hoteles
y restaurantes, sin contar con las compras de
recuerdos y demás 'merchandising'.
- Los funcionarios del Vaticano recibirán una
paga extra de mil euros con motivo del nombramiento
del nuevo Papa.
Repetimos: ¿cuánto dinero ha movido todo esto?
Y añadimos: ¿cuánto revertirá en las arcas vaticanas?
Posiblemente sea un misterio mayor que el de la
Santísima Trinidad.
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