Cuando el socialista Ferran Mascarell,
concejal-portavoz del Gobierno municipal de Barcelona,
ya tenía más que cerrada y acordada la cesión
del castillo de Montjuïc al Ayuntamiento por parte
del Ministerio de Defensa, José Bono volvió
a demostrar su proverbial habilidad para desandar
lo andado.
Un día dijo que la fortaleza sería cedida a la
Ciudad Condal siempre que en el mástil principal
continuará ondeando la bandera española. Otro
día pidió que, aunque el Ejército dejase de ser
el propietario del castillo-museo, en él debería
permanecer una unidad militar. Y otro día planteó
la necesidad de crear una fundación cívico-militar.
El resultado provisional es que, de momento, el
pobre alcalde Joan Clos se queda sin nuevo
espacio que ofrecer a los ciudadanos y el presidente
Zapatero, sin poder cumplir su palabra
de ceder la instalación castrense a Barcelona
para convertirla en un museo por la paz. Respuesta
de los socialistas barceloneses: "Bueno, Bono
es así".
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