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Sumario 11-M: Los explosivos perdidos (12)

Casi un mes después de los atentados, la Unidad Central de Información Exterior (UCIE) había desentrañado la trama de explosivos en Asturias, pero no había sido capaz de cuantificar cuánta dinamita ha podido ser sustraída en las minas asturianas, ni mucho menos cuántos kilos aún pueden permanecer desaparecidos y en venta o si están en manos de los terroristas del 11-M o de cualquier otra organización del crimen organizado.

El tomo 20 del sumario recoge, fundamentalmente, los estadillos de la empresa Canela Seguridad, SA, que era la encargada de suministrar los explosivos no sólo a la sociedad Caolines de Meriles -explotadora, entre otras de Mina Conchita, de donde se supone que fue robada la Goma 2 ECO que se utilizó en Madrid-, sino de otras empresas mineras asturianas.

Según el extenso listado de pedidos y envíos remitidos por Canela Seguridad relativos a todos el año 2003 y primeros meses de 2004 (los documentos remitidos a la UCIE y por ésta al Juzgado conforman los primeros 320 folios del tomo 20), en un solo mes esta empresa podía servir más de cuatro mil kilos de Goma 2 ECO a diferentes explotaciones mineras asturianas. Lo que pretendía la UCIE con el estudio de la relación de dinamita servida desde 2003 era ver en qué minas se podían haber producido sustracciones, además de en Mina Conchita, y calcular cuánta dinamita podía estar circulando sin control.

Sin embargo, como se vería unos meses después en la Comisión de Investigación del 11-M, el descontrol en las minas asturianas con la dinamita era total. Generales de la Guardia Civil que pasaron por la Comisión llegaron a declarar que la sustracción y uso de explosivo para temas como por ejemplo pesca furtiva era muy frecuente. Los servicios de información descubrieron con evidente angustia que durante años no había habido ningún control sobre los explosivos por diferentes razones, pero entre otras por falta de personal y por una legislación obsoleta que el nuevo gobierno que se formó tras las elecciones del 14-M se preocupó en cambiar.


Continúan las detenciones

Respecto al pasado, queda evidenciado, pues, de forma evidente el descontrol que hubo en materia de explosivos, pero en cuanto a la investigación sobre los autores del atentado la UCIE avanza a pasos agigantados.

Así, el 31 de marzo declara ante el juez como imputado el detenido Mostafa Ahmidan (Tetuán, Marruecos, 1968). Ya se sabe que la familia Ahmidan ha tenido parte activa en los atentados a través de Jamal Ahmidan, que se había convertido en uno de los personajes más buscados hasta ese momento. Se confirma que Jamal usaba tres coches: un Opel Astra azul oscuro, un BMW negro que pertenecía a su primo Hicham Ahmidan y un Golf oscuro, propiedad del propio Mostafa. Son los coches con los que le vieron diversos testigos. El juez Juan del Olmo, no obstante, decreta su libertad provisional.

También el 31 de marzo vuelve a declarar Antonio Toro Castro, el cuñado del ex minero José Emilio Suárez Trashorras y quien sirvió de intermediario entre éste, Rafa Zouhier y los 'moritos'. Toro confirma ante el juez que "Emilio le dice al declarante que los del atentado habían sido los amigos de Rafa (Zouhier), el declarante no le pregunta por qué relaciona el atentado con los amigos de Rafa como autores, no sabe por qué llega Emilio a esa conclusión ni le pregunta a José Emilio cómo llega a esa conclusión porque el declarante se quedó frío por pensar que podría ser Rafa y por el suceso que había pasado". Se decreta su entrada en prisión incomunicada.

La magnitud de la tragedia queda puesta nuevamente de manifiesto cuando a finales de marzo, veinte días después de los atentados, el Servicio Central de Identificación de la Comisaría General de Policía Científica remite al juez el informe sobre la identificación de restos, facilitando una relación oficial de víctimas (páginas 382 a 387 del Tomo 20).

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