Los informes del periódico alternativo
Puntos negros de la 'trama asturiana' (II)

- La Guardia Civil sabía del tráfico de explosivos desde 2000

El 26 de agosto de 2001, un confidente estableció contacto telefónico con el Centro Operativo de Servicios (COS) de la Guardia Civil, en Gijón, comunicando que quería denunciar unos hechos muy graves relacionados con drogas y explosivos. El suboficial del COS que atendió la llamada lo comunicó inmediatamente al jefe del servicio de Información, que accidentalmente era el sargento Amaro, ya que el oficial del servicio se encontraba en el extranjero en una misión oficial. Ante la gravedad de la denuncia, el sargento designa a uno de sus hombres en Información, el guardia Jesús Campillo, para que hable con el confidente.

El contacto se estableció cerca de la playa de Gijón dos días después, el 28 de agosto. El confidente se llamaba Francisco Javier Villazón Lavandera, alias "Lavandero", la conversación fue grabada por el guardia Campillo y a partir de aquí se inicia uno de los puntos más oscuros de la actuación de la Guardia Civil asturiana en torno a la trama de explosivos relacionada con el 11-M.

Luego se producirían más confidencias a la Guardia Civil -paralelamente, también a la Policía- de éste y otros informantes, pero no se pudo o no se supo desarticular la trama, lo cual hubiera evitado, quizá, la masacre de Madrid. ¿Por qué? En esta nueva entrega veremos cómo los confidentes -delincuentes habituales todos ellos- se pasan de la Policía a la Guardia Civil asturiana como si se tratara de un juego. Todo quedó reflejado en un informe interno de la Benemérita al que Diariocrítico ha tenido acceso.

"Lavandero" cuenta a Campillo en las cercanías de la Playa de San Lorenzo -en la grabación se oye el ruido de las olas de fondo- que un minero, José Emilio Suárez Trashorras, y el que luego sería cuñado de Suárez Trashorras y el 'cerebro' de todo, Antonio Toro, traficaban con droga, que lo hacían también con explosivos para lo que contaban con un guardia civil como 'transportista' y que buscaban quién les enseñara a montar bombas con teléfonos móviles, el mismo procedimiento que se utilizó el 11-M.


El misterio del 'transportista'

Aunque el nombre de ese guardia civil 'transportista' que citaba Francisco Javier Villazón Lavandera no ha trascendido, nuestras fuentes lo sitúan próximo a Leonardo Raúl Grana, quien sería asesinado después en el cuartel de la Guardia Civil en La Salve (Bilbao) de dos tiros, junto a un cabo de Orense. Un asesinato, el de Grana, nunca esclarecido y harto macabro, porque los asesinos llegaron a colocar dos toallas debajo del guardia asesinado -lo fue en su cuarto- para que su sangre no goteara al piso inferior, ya que era de madera.

La historia de este guardia es muy confusa: atropelló accidentalmente a su primera mujer, que murió, pero después de haber matado, también en un accidente de tráfico en Otur, a un cónsul francés y a su mujer. En el momento de su asesinato, el 14 de septiembre de 2001 -qué coincidencia de fechas- estaba casado en segundas nupcias con una teniente de la Marina.


La cinta de "Lavandero" siguió su curso

El guardia Campillo no transcribió íntegramente la cinta que grabó a "Lavandero", pero si elaboró un informe operativo con su contenido que fue trasladado al sargento Amaro, quien, siguiendo la cadena de mando, lo pasó al teniente de la Unidad Orgánica de la Policía Judicial de Gijón, Carlos Montero, quien lo elevó, a su vez el 30 de agosto, al jefe de Operaciones, comandante Juan Miguel Jiménez García (actualmente en Oviedo), y al jefe de la Comandancia de Gijón, teniente coronel José Antonio Rodríguez Bolinaga, el que sería el 'cabeza de turco' de la Zona de la Guardia Civil de Asturias después del 11-M. Entre otras cosas, porque Rodríguez Bolinaga no hizo un informe para elevarlo al jefe de la Zona de Asturias de quien dependía, coronel Pedro Laguna Palacios, hoy general al mando de la Zona de Castilla y León.

Este último dato es importantísimo, porque si Rodríguez Bolinaga hubiera seguido la cadena de mando e informado al coronel de la Zona, Laguna Palacios, éste tendría que haber informado por un lado al general Faustino Pellicer, subdirector general de Operaciones de la Guardia Civil, y, por otro, a la delegada del Gobierno en Asturias, Mercedes Fernández. Al quedar el informe frenado -al parecer- en Rodríguez Bolinaga, este teniente coronel 'se come el marrón' -en argot- pero libera de responsabilidades a Laguna, a Pellicer y a la delegada del Gobierno, que era la figura política en este caso, como podemos observar en el organigrama que presentamos en esta edición.

De cualquier forma, y puesto que el propio Rodríguez Bolinaga reconoció que el informe se quedó en su mesa, asumiendo así su responsabilidad, no se puede avanzar hacia arriba, pero sí hacia abajo. Bolinaga decidió pasar el informe al entonces teniente Carlos Montero, responsable de la Unidad Orgánica de la Policía Judicial de Gijón, pero también circunstancialmente de Información de Gijón.

Se produjo una segunda entrevista con "Lavandero" a la que asistió Campillo y el teniente Montero y que se grabó, y aún una tercera, el 2 ó el 3 de septiembre, en la sede de la Comandancia, y aún una cuarta en el mes de noviembre. En todas se constató que el informe que había elevado Campillo era real. A partir de ahí, la Guardia Civil de Gijón puso en marcha la "Operación Serpiente", nombre elegido por el reptil que "Lavandero" llevaba tatuado.

Para la "Operación Serpiente", Bolinaga informó al jefe de Operaciones de Gijón, comandante Juan Miguel Jiménez García (en la actualidad es Jefe del Subsector de Tráfico de Asturias, con sede en Oviedo) y formó un operativo coordinado por el teniente Montero y en el que se incluyeron el sargento Ferreiro y dos guardias. La operación, que se desarrolla en el Cuartel Principal de Piedras Blancas (Avilés) no da resultado.


La "Operación Pipol"

Pero todo tiene una base no tan 'limpia'. Francisco Javier Villazón Lavandera "Lavandero" había sido, previamente, en la primavera de ese año 2001, confidente del Cuerpo Nacional de Policía, mandado en Asturias por el jefe Superior, comisario Juan Carretero Enrique. A través de sus delaciones se produjo en julio de ese año la denominada 'Operación Pipol', en la que se detuvo a Toro Castro, Suárez Trashorras y a otras 18 personas entre las que se encuentra otro confidente de la guardia civil, José Ignacio Fernández Díaz, alias "Nayo", quien también tendrá luego su importancia en esta historia como confidente del capitán Pedro Amable Marful, de la Policía Judicial de la Comandancia de Oviedo.

En los registros policiales por la "Operación Pipol" se encontraron detonadores y 16 cartuchos de dinamita en el domicilio de Toro, pero ese dato lo desconocía, curiosamente, la Guardia Civil, porque la Policía no se lo pasó cuando se le recabó información. Y eso que la Intervención de Armas la lleva en exclusiva la Guardia Civil: en este caso, el capitán Novoa, dependiente de forma directa de la Plana Mayor de Zona -ver organigrama-. Y el capitán Novoa, para más señas, provenía del CESID, actual CNI.

Pero, a su vez, la Guardia Civil conocía otro dato que no tenía la Policía: que un socio de "Lavandero" le dijo que tenía que deshacerse de 400 kilos de dinamita porque le seguía la Policía. Y estamos hablando del verano-otoño del año 2001. Pese a todo, el teniente coronel Rodríguez Bolinaga paró la investigación ante el fiasco de la "Operación Serpiente" (no se encontró la dinamita en Avilés), no informó a su superior y pensó que la Policía Nacional les había 'pisado' el tema. Y todo ello, naturalmente, sin coordinación entre los dos Cuerpos. "Íbamos siempre detrás de ellos (la Policía). No sé cómo explicarlo: donde yo iba, ya había estado la Policía, por decirlo de alguna forma", llegaría a lamentarse Rodríguez Bolinaga en su comparecencia ante la Comisión del 11-M.

Es conocido sobradamente que la famosa cinta del guardia Campillo aparecería en 2003 en el cajón de la mesa de un guardia civil, David Robles Ramos, en el cuartel de Cancienes. Pero hasta el 16 de octubre de 2004 el guardia no dio cuenta del hallazgo a su comandante de puesto. En esa fecha fue recogida por el nuevo jefe de Información, capitán Gómez Suárez. Tras este estrambótico giro, la cinta llegó al despacho de Rodríguez Bolinaga, pero el teniente coronel la guardó en la caja fuerte de la Ayudantía y no dio cuenta de la misma hasta que estalló el escándalo destapado por el diario El Mundo.

Cuando se conoce la existencia de la cinta, a Rodríguez Bolinaga fue a verle el guardia Campillo para pedirle lo que consideraba que era de su propiedad. El teniente coronel no se la podía dar porque había firmado un recibí, y mandó al guardia al psiquiatra.


Toro empieza a ser confidente policial

Tras la "Operación Pipol", de la Policía Nacional, Suárez Trashorras salió de la cárcel y Antonio Toro comenzó a ser confidente policial. A finales de 2002 entrará también en escena José Ignacio Fernández Díaz, "Nayo", pero éste con la Guardia Civil, como desquite contra Suárez Trashorras y Antonio Toro.

Según el informe cronológico interno de la Guardia Civil al que ya hemos hecho referencia, el 2 de diciembre de 2002, el inmueble de la Travesía de la Vidriera, de Avilés, donde aparecieron los explosivos de Toro Castro en la "Operación Pipol", robaron un coche que ETA haría estallar en Santander. El hecho de que el coche se robara justo en la calle de Toro Castro es lo que daría pie a que alguno intentara establecer una conexión entre los etarras y los islamistas radicales.


Entra en baza la Comandancia de Oviedo


Siguiendo con el relato, a mediados de 2002 José Ignacio Fernández Díaz, "Nayo", que se siente traicionado por Toro Castro, contacta con la Policía para informar que Toro y Suárez Trashorras poseen explosivos que quieren vender. Su abogado, Carlos Alberto Tejera, se lo comunica incluso al entonces fiscal-jefe del Tribunal Superior de Justicia de Asturias, Rafael Valero Oltra (ahora fiscal de Sala del Tribunal Supremo), señalando que Suárez Trashorras disponía de un zulo en un monte cercano a Avilés con dinamita para... ETA. "Nayo" estaba aún en prisión por la "Operación Pipol" y pretendía vender 'su información' a la Policía Nacional. Los policías 'no compran' e intenta pactar con Valero Oltra un mejor trato.

A principios de 2003, "Nayo", junto con otro confidente no identificado aún, se dirige entonces al jefe de la Unidad Orgánica de Policía Judicial de Oviedo, capitán Pedro Amable Marful, con quien mantiene una primera entrevista en El Rubín -sede la Comandancia de Oviedo-, en la que le cuenta lo mismo que ya había contado a la Policía Nacional y al fiscal Valero Oltra, sólo que Marful no sabía entonces que "Nayo" había hablado con las otras partes.

La información le parece lo suficientemente importante a Marful, que el capitán de Policía Judicial informa al jefe de Operaciones, comandante Jambrina, y, naturalmente, al jefe de la Comandancia de Oviedo, teniente coronel Fernando Aldea Juan, quien, al revés de lo que Rodríguez Bolinaga dice no haber hecho, informa a su superior jerárquico, el coronel jefe de la Zona de Asturias, Pedro Laguna Palacios. El siguiente paso debería haber sido un informe de Laguna al general Faustino Pellicer, subdirector general de Operaciones de la Guardia Civil, con sede en Madrid.

El coronel Laguna observó que el caso afectaba a dos Comandancias, la de Oviedo, donde estaba la fuente -"Nayo"-, y Gijón, de la que eran competencia los temas denunciados por territorialidad. Así que Laguna decidió establecer un EDOA (equipo de delincuencia organizada y antidroga), pero llevado por Marful desde Oviedo.

Este equipo mantuvo al menos tres reuniones conocidas por Laguna, reuniones de las que, por cierto, el comandante Jambrina -jefe de Operaciones, como hemos dicho, ver organigrama- elaboró un informe promenorizado y personal. A las reuniones de coordinación asisten Laguna, Aldea, Rodríguez Bolinaga y Jambrina y allí, en un momento dado, se llegó a decir: "Esto es una marfulada", lo que ofrece una idea de la escasa credibilidad que se le daba a la operación. En otro capítulo veremos que la Guardia Civil puso más efectivos y espíritu en un tema de prostitución que desarrolló en esas fechas conjuntamente con la Policía Nacional.

Es en este punto donde la información se ensombrece un tanto, pero, según fuentes solventes, el capitán Marful, decepcionado porque no le tomaban en serio, llamó de forma personal a sus amigos de la Unidad Central Operativa (UCO) informándoles de las confidencias de "Nayo" sobre los explosivos. La UCO tenía conocimiento del mismo tema por el confidente de un capitán y de un alférez de la Unidad, Rafa Zouhier, que había coincidido en la cárcel de Villabona con Toro y con Trashorras. Así, Marful les pide aunar esfuerzos y ¿qué mejor que una nota? De hecho, el 27 de febrero de 2003 llegó al coronel Laguna, jefe de la Zona, la nota de la UCO. Pero esto formará parte del próximo capítulo.



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